En materia económica esta administración tiene un gran lunar y es que tuvo a su cargo una de las más grandes bonanzas minero-energéticas de la historia del país y no fue utilizada, una parte, para ahorrar choques externos. El otro lunar es la desindustrialización del país. La participación de la industria en el PIB pasó del 14 al 11 % en los últimos cuatro años y la industria ha tenido crecimientos muy malos en los últimos tres años, por debajo del 1 %. También el sector agrario ha tenido un comportamiento lánguido. Y es lamentable que con políticas tributarias improvisadas se haya generado una asfixia en sectores productivos y por supuesto en el sector minero-energético con una caída en producción, reconociendo que en ese sector también está la caída de los precios del petróleo, pero no se tomaron las medidas adecuadas.
En el último año se destaca el manejo del endeudamiento con buenas tasas y plazos, pero hay grandes desaciertos, como la presentación de un presupuesto desfinanciado en más de 12.5 billones de pesos, que solamente se puede explicar por un aumento desbordado del gasto público, que aumetó por encima del crecimiento de la economía y haber introducido una reforma tributaria que ha asfixiado el sector productivo, que se traduce en afectación de la inversión, de la productividad, de la competitividad y del ahorro.