Los partidos políticos en estos momentos están interesados simplemente en ganar el poder, sin detenerse a mirar las condiciones morales de los diferentes candidatos. Quieren ganar como sea, sin tener otro tipo de consideraciones.
Hay que tener en cuenta que antes el poder se ganaba mediante la guerra, ahora se gana mediante los votos. Pero la democracia sigue siendo un conflicto, conflicto por el poder, y quienes compiten por él emplean todo tipo de armas. Ojalá fueran armas nobles, de competencia leal. No es así.
Miremos el caso del Centro Democrático en Antioquia. Desde el principio debieron preguntarse si su candidata era la más idónea, la más preparada. Solo al final vinieron a cuestionarse eso, después de un año de dejarla avanzar. Apenas ahora caen en cuenta de que para gobernar no se requieren solo votos, sino conocimiento y experiencia en la gestión pública.
No creo que en las elecciones de octubre estos comportamientos de los partidos vayan a ser castigados por los votantes, y por ello los partidos no van a considerar que tengan que obrar de otra manera ni cambiar de rumbo. La gente vota por quien considere más capacitado, por el partido al que pertenezca y además tiene muy en cuenta quiénes rodean al candidato. El programa no importa tanto a la gente.