Estos premios indudablemente constituyen un estímulo, pero es poco lo que contribuyen al mejoramiento de la calidad por cuanto lo que tenemos es un problema estructural. Y es estructural en algo muy notorio como es la infraestructura de las escuelas y colegios de los diferentes municipios de Antioquia. Sobre todo la rural que está en precarias condiciones.
Hay escuelas rurales que operan en condiciones de hacinamiento y antihigiénicas, que atentan contra la dignidad de las personas.
El parque educativo, ostentoso, contrasta con la situación casi paupérrima de los establecimientos que imparten la educación tradicional.
En cuanto a la cualificación de los maestros, tenemos qué trabajar por los educadores del futuro, mejorando el proceso de selección y formación, que es el camino que han recorrido muchas sociedades.
Y un aspecto crítico tiene que ver con la evaluación de la calidad, pues en diferentes pruebas a nivel nacional, Antioquia ha tenido un comportamiento bajo, con un puesto 11. En analfabetismo estamos en el puesto 19. En el índice de Progreso Educativo, que mide la calidad, pertinencia y cobertura de la educación superior estamos de cuartos. Y en competitividad educativa somos sextos. Tenemos que hacer un gran esfuerzo y reconocer con humildad que no somos los mejores y no hacer de la educación un show mediático.
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