Las primeras manifestaciones de las partes en disputa electoral plebiscitaria dan la impresión de un posible pacto concertado en beneficio del país. Laudable actitud si se tiene en cuenta la catarata de propaganda y eventos de la campaña por el sí que arrinconó a la contraparte, lo cual tuvo sabor de espera más que de esperanza. El cuadro político posplebiscito reemplaza al posconflicto por un tiempo. El nuevo proceso tiene diferentes actores. Los derrotados son heterogéneos: el presidente Santos y los partidos de la Unidad burocrática, las Farc y sus protectores internacionales Cuba y Venezuela, la Iglesia Católica y los soldados de orden de Loyola que por “segundos milimétricos” salvaron al Papa Francisco, los altos heliotropos de los medios de comunicación, los empresarios constreñidos y los excomandantes de las AUC. Por el otro lado los del no: Álvaro Uribe y el Centro Democrático, Jaime Castro, Marta Lucía Ramírez, el expresidente Pastrana y el huracán Mateo.
Lo que viene será difícil comenzando por descubanizar el proceso. Con prudencia y respeto, poner los intereses de la Nación por encima de las intrigas internacionales. La paz es una derivación de la seguridad. La unidad del pueblo colombiano es la garantía de una paz duradera. Las Farc sin armas deben hacer parte de esa unidad.