En cualquier lugar, donde usted se detenga un instante a preguntar o ver los precios actuales de los productos de consumo masivo se va a encontrar con que el imperialismo y la oligarquía están utilizando cuantiosas sumas de dinero –dólares– para penetrar la manera de pensar y sentir de la población, como águila de rapiña que divisa la presa.
Esa voracidad, propia del instinto animal, es una herramienta muy poderosa del gobierno estadounidense, y la oligarquía criolla; la han utilizado en repetidas oportunidades para tratar de aplastar el proceso venezolano. Sin embargo, nunca se imaginaron la resistencia del pueblo, así, como nadie se imaginaba –incluso los opositores– que en poco tiempo la inflación, y el tren descarrilado de la hiperinflación iba a colocar contra la pared a propios y extraños. Los precios están haciendo respirar profundamente a los consumidores, y cada momento se hace muy difícil escapar de una realidad creada por la dirigencia de la oposición, sin la mínima capacidad para entender el grave daño, que le están haciendo al pueblo.
Los defensores del gran capital vomitan sus opiniones contra un gobierno, al cual le pueden tildar muchos errores, pero nadie puede negar que ha sabido enfrentarse con dignidad, y valentía a cuanto enemigo aparece a la vera del camino, apoyado abiertamente por los presidentes estadounidenses.
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