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2 y 8
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Por Martin Stork
Universidad EAFIT
Facultad de Psicología, 3° semestre mstork@eafit.edu.co
El viernes pasado, el 22 de febrero de 2019, la ciudad ejecutó la destrucción del edificio Mónaco, dado que era frecuentemente visitado por una gran cantidad de turistas, con el interés de tomar fotografías y, añadido a esto, aparecía en telenovelas con temática del narcotráfico. En un artículo de prensa del mismo día, el mandatario del evento comentó: “Cerramos un oscuro capítulo”. Sigue con un comentario del alcalde Federico Gutiérrez, en el cual acota que Medellín y su gente fueron conocidos a nivel mundial por razones por las que nunca debieron serlo.
A pesar del plan de construir un parque en memoria de las víctimas de tal época en el terreno donde estuvo el edificio, me queda la duda si esa estrategia es la mejor para manejar el pasado oscuro de la ciudad. Siendo alemán y haber crecido en un país que también cuenta con una época muy oscura y violenta en su historia, comprendo muy bien que los colombianos no quieran ser conocidos y reconocidos por el pasado tan áspero que ha sufrido su país. Pero borrar las huellas que quedan de estos sucesos restringe el aprendizaje colectivo que puede surgir de sucesos de ese tipo.
A los alemanes también les encantaría borrar el Holocausto de su historia, no ser reconocidos por la Segunda Guerra Mundial. Pero no se puede cambiar la historia, solo se puede aprender de lo que pasó e intentar no cometer los mismos errores en el futuro. Para eso nos sirven los lugares históricos, para no olvidar, lo que también implica acontecimientos horribles.
Alemania está lleno de monumentos que levantan la conciencia sobre lo ocurrido en el Holocausto, un gran número de turistas visitan los campos de concentración, los cuales no han sido destruidos 74 años después del fin de la guerra. Sin embargo, si la gente acá me pregunta de dónde soy, relacionan Alemania con cosas que me llenan de orgullo –y creo que si existieran más lugares como el Museo de la Memoria, lo cual conmemora las víctimas de varios conflictos políticos y sociales que ha tenido la ciudad, gran parte del mundo conocería a Medellín no por la violencia, el narcotráfico y cirugías plásticas–, sino por su madurez y sus cualidades que la hacen tan hermosa: su gente cálida, educada y trabajadora que ha transformado la ciudad en una de las más innovadoras del mundo contemporáneo.
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