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Cuando mi amigo y paisano, el coronel de la Policía Nacional, Gustavo Agudelo Carrillo, estaba de subteniente de esa benemérita institución, le tocó servir de comandante de Estación en su pueblo, Sopetrán.
Una tarde, unos vagos del pueblo se subieron al árbol de mango que hay en la plazoleta Carlos Mazo, al costado de la Basílica Menor, tumbando ramas y dañando el árbol. El comandante Agudelo, cuando se dio cuenta, mandó dos agentes que hicieron bajar a los dañinos roba mangos y los condujeron a la estación de Policía.
- ¿Quiénes son ustedes?, preguntó el oficial.
- Oigan a este, ¿no te acordás que somos los que estábamos cogiendo mangos?
- Claro que sé lo que estaban haciendo, me refiero a nombres y apellidos completos y las identificaciones personales, para apuntarlos muy bien, porque cuando salgan de la cárcel, ni ustedes ni yo, nos vamos a acordar cómo se llamaban.
Las tareas y funciones que cumplen los oficiales y los agentes de la Policía Nacional en todos los campos de la sociedad, son trascendentales. En mi paso por la vida me ha tocado vivir muy de cerca con la institución policial, desde una Academia de Equitación que teníamos en la Escuela de Carabineros donde cabalgábamos con el capitán Víctor Rodríguez y los tenientes Porras y Orozco, carabineros de formación para servir y defender a los ciudadanos de bien. Mi amistad en Sopetrán con el dragoniante Abel Jaramillo, en San Nicolás y después en Fredonia, ya como alcalde. Las experiencias e historias con los generales Rodríguez Pérez, Gallego, Carrillo, Pedreros, el general Martínez. O coroneles, como Adolfo León Gómez, Valderrama. Mi paso por el Consejo Departamental de Policía, mi amistad con el coronel “ultrapollo”, o con mi mayor Benildo Torres.
No tengo sino gratitud y admiración con la Policía Nacional. Por eso al conmemorarse un año del cobarde ataque que el Eln cometió en Bogotá contra la Escuela de Cadetes General Santander, donde murieron 22 estudiante policiales y sesenta y ocho más resultaron heridos, debo rendir mi homenaje de admiración a la Policía Nacional, a su Escuela General Santander y a todos mis amigos uniformados y a los no uniformados y pensionados que tantos servicios le han presado a la Patria. A los policiales y soldados que han caído bajo los ataques cobardes de los narcoguerrilleros.
Solicitarle al gobierno Nacional que por ningún motivo vuelva a negociar con el Eln, que se refugian en Cuba y siguen atacando en Colombia a nuestros campesinos y a nuestras Fuerzas Armadas. Que continúan con secuestrados torturados y lejos de sus familias, mientras los cabecillas se dan la gran vida en la isla comunista. Si hay que romper relaciones con el gobierno comunista cubano, por no entregar a los bandidos del Eln, que lo haga. ¿Para qué nos sirven los entrenadores de guerrillas en Colombia?
ÑAPA: Me dicen que hay diputados de Antioquia, y uno de ellos es mi amigo Andrés Guerra, que van a solicitar que se permita el paso a los motociclistas por el túnel de Oriente. Horrible. Es un peligro que puede costar muchas vidas y el cierre del túnel. Ellos tienen muchas otras alternativas