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Columnistas | PUBLICADO EL 21 julio 2021

Preocupante denuncia

Por alberto velásquez martínezredaccion@elcolombiano.com.co

Ayer, 20 de julio, no hubo desfile militar por las calles de las grandes ciudades colombianas. Se hizo en patios de las guarniciones castrenses, no solo para evitar más desbordamientos de infectados por la pandemia, sino por las amenazas de huelguistas y vándalos en sus marchas de protesta.

Al mismo tiempo que la fiesta militar del 20 de julio del 2021 palidecía, seguía viva la denuncia de la senadora María Fernanda Cabal sobre una supuesta división en la Fuerza Pública, especialmente en el Ejército colombiano. Noticia que inquieta, no porque se considere que en sus inmediatos presupuestos está dar un golpe militar, sino por las consecuencias que esta escisión podría tener para garantizar a plenitud la defensa del sistema institucional colombiano.

Es verdad de Perogrullo que conservar la unidad de las Fuerzas Militares es prioritario para garantizar la existencia de un Estado de Derecho. Ellas son el soporte de la nacionalidad en un país como Colombia sometido a ataques continuos de grupos subversivos y agentes de la criminalidad. Máxime cuando ramas del Estado como la judicial y la legislativa están seriamente cuestionadas y deshonradas, por la población consultada en todas las encuestas de opinión. Las Fuerzas Militares, especialmente el Ejército, va quedando como ínsula en medio de tanta degradación de valores éticos en las instituciones nacionales.

Revelaba la senadora Cabal que la inteligencia militar “la destruyeron”. Que “se han generado peleas internas sobre todo en el Ejército. Guerras de poder que, según la congresista, “propició Santos”. Y da como ejemplo el atentado al presidente Duque cuando viajaba en helicóptero, posibilitado por “el nivel de filtraciones”, que tuvo acceso al plan de vuelo presidencial. Ya algunos exministros de Defensa habían revelado en reuniones privadas que el anterior gobierno las dejó desmoralizadas, además de haber desmantelado de sus mejores hombres la inteligencia y contrainteligencia militar.

Todas estas suposiciones se lanzaban coincidiendo con las imputaciones que la JEP hacía a algunas unidades de las Fuerzas Militares por los “falsos positivos”, entramado delincuencial para cometer crímenes de lesa humanidad contra jóvenes inocentes, sindicaciones que se han constituido en vergüenza institucional. Lunares negros que manchan la cara de una institución tradicionalmente querida por los colombianos.

En diversas ocasiones ha sido el Ejército el que ha salvado el sistema republicano. Solo un solo golpe de sable, el del general Rojas en 1953, entre los muchos que hubo en América en el siglo XX, confirma, como excepción a la regla, el compromiso de lealtad del Ejército colombiano con el Estado de Derecho.

En un país radicalizado, hostigado por toda clase de fuerzas disociadoras internas y externas, tener unas Fuerzas Militares agrietadas en su moral sería desastroso. De ser cierta la denuncia de la señora Cabal, constituiría tal situación la peor señal que se le podría dar a una democracia que si bien no se puede sostener exclusivamente sobre la punta de las bayonetas, sí requiere de la disciplina y lealtad de sus fuerzas armadas para garantizar el funcionamiento normal del país

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