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La parte buena de ser adulto

En momentos electorales, esa elección se vuelve más evidente. Puedes elegir qué tan informado quieres estar. Puedes elegir construir o destruir.

hace 1 hora
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  • La parte buena de ser adulto

Por María Luisa Zapata Trujillo - JuntasSomosMasMed@gmail.com

A veces ser adulto no parece tan bueno. Recuerdo que, pequeñita, el mayor anhelo era crecer y, en broma, uno ve muchos memes donde le recuerdan que quizás esa era la mayor mentira de la vida. Reconozco que ser adulto no es siempre cómodo; esa idea de la libertad no está garantizada para todos, no es permiso ni perfecta cotidianidad.

Sin duda, la adultez representa desafíos: pérdidas, estar en terrenos inciertos, reconocer que no te las sabes todas, que el miedo puede ser invasivo, que al final tú estás a cargo de las decisiones por más que quieras evadirlas. Reconfigurar realidades en función del cuidado, hacerte cargo o no, escoger lo que realmente te dé paz.

Pero ser adulto no puede ser tan malo. A pesar de la constante desmitificación de la libertad, la adultez sí lleva consigo autonomía y, por ende, nuevas responsabilidades. Mientras más pronto lo comprendamos, más podemos aproximarnos a esta etapa con integridad.

Esta semana, en medio de muchas reflexiones, pensé que ser adulto sí tiene mucho de bueno, aunque a veces queramos escaparle a esa realidad. Ser adulto nos permite vivir, si lo asumimos, en consciencia. Escoger es la gran facultad que nos da la adultez: elegir cómo actuar, cómo responder, desde qué mentalidad aproximarnos a cada situación. Escoger los amigos. Escoger la gratitud o el resentimiento. Escoger la esperanza o el cinismo.

Es contar con la oportunidad – y la obligación moral – de hacer las cosas bien, de actuar bajo principios que te permitan acostarte tranquilo, satisfecho al estar asumiendo lo que te corresponde. Es hacerte cargo de tus emociones, honrar los compromisos que adquieres, ser coherente en todo lugar y no andar a medias tintas; vivir de manera transparente, crear o no crear.

En esta responsabilidad, lo mejor es poder hacerse cargo, no delegar lo que corresponde. Y vamos más allá, en momentos electorales, esa elección se vuelve más evidente. Puedes elegir qué tan informado quieres estar. Puedes elegir construir o destruir. Puedes decidir que información consumes y cual replicas. Puedes opinar sin conocer o asumir el trabajo de informarte. Puedes escuchar y reconocer que en el debate puedes formar tu propio criterio.

Lo que sí debes asumir, es que es contigo. No podemos pretender que vivimos aislados de lo que pasa a nuestro alrededor, tenemos que ver y como adultos debemos apropiarnos de nuestro derecho a la libertad. Es preocupante ver a personas – jóvenes y otros no jóvenes – desconectados de la realidad del país, o desinteresados. Gente con capacidad de transformarlo pero que ni se preocupa por comprenderlo más allá de lo superficial. Preocupa que muchas personas, con las herramientas prefieran estar cómodos e indiferentes. La libertad que no asume sus consecuencias es inmadurez e irresponsabilidad.

La participación es un mecanismo real de construcción colectiva. Es honrar el anhelo de la libertad y ejercerla para no perderla. Cada elección nos puede acercar a la coherencia y la paz colectiva e individual.

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