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Columnistas | PUBLICADO EL 30 octubre 2022

Participación, elemento central del gobierno

Las realidades sociales y sus actores son cambiantes, por eso se trata de resolver los temas de violencia de hoy y prevenir los de mañana, y no los de hace una o dos décadas atrás.

Por Alejo Vargas Velásquez - vargasvelasquezalejo@gmail.com

Si hay algo que ha caracterizado, hasta el momento, al actual gobierno del presidente Petro es la convocatoria a la participación, así como su disposición a escuchar y modificar las posiciones en relación con las políticas públicas o con iniciativas en curso. Lo que traducido a cierto lenguaje coloquial es que si bien hay referentes para la acción del Gobierno, no se enreda en lo que en el pasado se han denominado ‘líneas rojas’ inamovibles. Y esto es una buena forma para abordar problemas que por su complejidad requieren flexibilidad. Veamos algunos casos.

La elaboración del Plan Nacional de Desarrollo, bajo la coordinación como es obvio del Departamento Nacional de Planeación, tiene como centro la convocatoria a la participación de la diversidad social a nivel territorial en los encuentros vinculantes para definir necesidades, prioridades y énfasis en inversión pública. En esto vemos en acción una metodología similar a la conocida como experiencias de presupuesto participativo, que garantiza no sólo ejecuciones cercanas a las necesidades de la gente y de los territorios, sino que adicionalmente aporta niveles de legitimidad a lo que se acuerde – siendo cuidadosos de que los equipos técnicos no vayan a distorsionarlo, porque ese siempre es un riesgo -. No hay duda de que una adecuada mezcla de la población dando su mirada sobre las necesidades y prioridades, con el aporte de los equipos técnicos, puede garantizar un sólido plan de desarrollo.

Igualmente lo hemos visto en las iniciativas legislativas del Gobierno como la reforma tributaria o la prórroga de la ley 418 para contar con los instrumentos que pongan en marcha la denominada Paz Total, entre otras. Ha habido escucha del Gobierno a la opinión de sectores políticos y sociales, para lograr finalmente que las iniciativas que se aprueben tengan el mayor nivel de consenso posible – en democracia es normal que siempre haya sectores opuestos -. Algo parecido se vislumbra alrededor de la política de los energéticos tradicionales y la necesaria transición energética, donde será fundamental escuchar e incorporar las opiniones y puntos de vista de sectores diversos, porque las realidades son cambiantes y, si bien hay referentes de mediano plazo, es importante saber navegar en la coyuntura.

En el campo de la Paz Total, igualmente es fundamental esa disposición a escuchar las voces diversas de la sociedad, desde las de las comunidades situadas en territorios donde las violencias están permanentemente afectando sus vidas, y que seguramente pueden ser importantes acompañamientos del proceso de construcción de paz, pasando por la opinión de expertos o especialistas que pueden dar sus sugerencias u opiniones, sin que con ello se desconozca que las realidades sociales y sus actores son cambiantes y que se trata de resolver los temas de violencia de hoy y prevenir los de mañana, y no los de hace una o dos décadas atrás. Igualmente esto será de importancia para procesos como los que se deberán adelantar con el Eln y con las disidencias, donde la participación social deberá jugar un rol fundamental y ser una garantía de culminación de los mismos.

Hay un campo en el cual es importante la participación y tiene que ver con la implementación integral del acuerdo de paz; si bien el propio acuerdo tiene previstos mecanismos de participación, en aspectos como los relacionados con el tema agrario o con la sustitución de cultivos ilícitos, la participación del campesinado a través de sus expresiones organizativas es fundamental – no como piensan algunos como “factor de presión”-, ya que pueden ser coadyuvantes para la implementación de la política y para colaborar en definir prioridades, modalidades de asignación de tierras y estrategias productivas, así como para garantizar que su empoderamiento se convierta en un actor social fundamental

Alejo Vargas Velásquez

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