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Columnistas | PUBLICADO EL 21 septiembre 2021

No sigamos llegando tarde

Por Juan Camilo Quintero Medinajuanquinterocti@gmail.com

¿Por qué no somos un país desarrollado? A decir verdad, Colombia es un territorio de una gran belleza, lleno de gente buena. En contraste, ciertas personas en el Estado hacen de cualquier trámite, proceso o proyecto todo un martirio, justificados en la normatividad, más allá del propósito de que las iniciativas avancen bien y rápido. Es decir, un país que cree que todo se resuelve con una ley, decreto o resolución. Resulta sorprendente la cantidad de trámites que les obligan a llenar a los formales, en tanto que las empresas informales saben que pueden operar más fácil estando en la informalidad gracias a la cantidad de regulaciones y, a la vez, a la incapacidad de control por las autoridades.

Nos hemos convertido en un país donde cada vez se carga con más impuestos a quienes siempre los pagan religiosamente y, de otro lado, han sido insuficientes los esfuerzos tecnológicos para controlar la evasión y poner en cintura a los informales. Somos un país donde difícilmente se cumple un cronograma de una obra y casi todas conllevan otrosíes en tiempo y dinero, con sobrecostos como norma y no como excepción. Somos muy buenos para planear y soñar, pero regulares para ejecutar: proyectos como los puertos de Urabá llevan alrededor de veinte años en discusión y con algo de avances, pero hoy no está puesto el primer ladrillo. Las “autopistas 4G” iniciaron con el exministro Andrés Uriel Gallego como “autopistas de la montaña” y ya casi ajustan dos décadas sin ser terminadas. Lo mismo sucedió con el túnel de Oriente, ferrocarril de Antioquia, metro de la 80, túnel de la Línea, metro de Bogotá, aeropuerto de Palestina. En fin, una lista larga y triste.

Colombia no puede ser un país que llega tarde a las oportunidades por incapacidad de remover obstáculos y hacer cumplir la Ley o de mover los recursos necesarios para acelerar las inversiones. Casos como El Cerrejón en la Guajira son buen ejemplo. Un enorme depósito de carbón que fue descubierto en 1864, que tomó más de cien años en ser desarrollado como una verdadera empresa y que hoy día dejará enterrado gran parte de su carbón por la obligación de disminuir el consumo de este, debido a sus emisiones en el marco del cambio climático. Un país donde algunas autoridades internamente operan con ideologías y les requieren a los interesados estudios que no hacen parte de los términos de referencia, gracias a que un funcionario así lo considera, y vaya trate de no allegarla para que vea en lo que puede convertirse su proceso. Una persona cercana lleva dos años tratando de que le aprueben una vía que donará a una importante ciudad en Colombia y, a hoy, no ha sido aprobada porque cada mes sale un nuevo requisito.

Todos somos conscientes de las enormes oportunidades de Colombia, pero a la vez del entramado burocrático, que hace casi que imposible que se avance en alguna iniciativa. Pareciera que es un tema de nunca acabar, a tal punto que se ve como un imposible desmontar la estructura actual en la que operamos, haciendo de Colombia un país que planea para ser desarrollado, pero cuya estructura operativa no deja desarrollarlo.

Ojalá, el próximo presidente, en alianza con las instituciones y otros mandatarios, realice una cruzada para desregularizar, reestructurar internamente muchas instituciones que sufren de ciertos mandos que las controlan a su antojo y, así, Colombia no siga llegando tarde a las oportunidades

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