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Columnistas | PUBLICADO EL 27 enero 2022

Medellín: Una hecatombe de la confianza

Por Mauricio Perfetti del Corral mauricio.perfetti@gmail.com

Nada más oportuno para el momento que vive Medellín que el estudio que acaba de publicar el BID, denominado Confianza. La clave para la cohesión social y el crecimiento en América Latina y el Caribe. Para nadie es un secreto que la capital antioqueña puso en marcha años atrás todo un esquema institucional basado en la cooperación y articulación entre el sector privado/empresa, el gobierno municipal/departamental, la academia y líderes de diversos ámbitos. Lo que Jorge Giraldo, columnista de este periódico, llama “pacto social o sumatoria de gobernanza, convivencia, más calidad de vida, seguridad y pujanza cultural”. Este esquema permitió enfrentar los embates del narcotráfico y las crisis económicas, aportar al proceso de paz y posicionar a Medellín como una ciudad innovadora, entre otras iniciativas. Semejante andamiaje lo ha pisoteado el gobierno municipal encabezado por el alcalde Quintero, destruyendo años de construcción de confianza institucional.

Según el estudio del BID, bajos niveles de confianza tienen efectos múltiples y dañinos. En primer lugar, sin confianza no hay cohesión social y sin esta no es posible construir sociedades prósperas, al no ser viable alinear intereses hacia objetivos comunes superiores. En segundo lugar, la confianza entre el sector público y el privado es esencial para la innovación; sin esta, los inversionistas, empresarios, emprendedores y ciudadanos están menos dispuestos a realizar transacciones comerciales, a pagar sus impuestos y a instar a los gobiernos a que promuevan grandes proyectos para un futuro mejor. Por último, la confianza y la ciudadanía tienen un impacto significativo en impulsores determinantes del crecimiento y la desigualdad.

Sin confianza en el gobierno local y sin el andamiaje institucional que se había construido a lo largo de varias décadas, será imposible enfrentar eficazmente los desafíos de la pandemia. En Medellín (con su Área Metropolitana) la pobreza extrema pasó de 3,7 % en 2019 a 9,1 % en 2020; esta variación significa que 208 mil personas no tienen lo mínimo para subsistir. La reactivación debe ser sostenible para lograr una tasa de desempleo inferior a la prevaleciente antes de la pandemia (11,7 % noviembre 2021 vs 9,6 % noviembre 2019). Por último, la educación en su conjunto merece toda la atención después del traumatismo que generó la pandemia, pero no para volver a la misma educación de antes, sino para lograr una educación de mayor calidad y más equitativa.

Se desprende de lo documentado por Daniel Coronell que la actual promoción en el exterior de inversión extranjera en Colombia quedó convertida no en estimular inversión nueva y fresca en sectores estratégicos, sino en impulsar y facilitar compras con petrodólares de las mejores empresas colombianas. Se pierde así confianza en el gobierno nacional y, a su vez, en las instituciones al existir dudas legales con respecto al proceso de las OPA recientes por empresas del GEA; como dice el profesor y analista Jorge Restrepo “ante la indiferencia de los reguladores, hábiles oportunistas le hacen el mayor esquilme a los tenedores de acciones de este país”.

El estudio del BID señala que un instrumento para contrarrestar bajos niveles de confianza consiste en castigar los comportamientos oportunistas que favorecen la desconfianza; en el caso del país, existe ese instrumento: así como la democracia local eligió al alcalde actual, ciudadanos y ciudadanas están en el legítimo derecho, consagrado en la Constitución colombiana, de utilizar el mecanismo de la revocatoria. Por el futuro de lo que se ha construido, no puede haber más dilaciones. Toda esa institucionalidad y sus logros serán historia del pasado si no se moviliza la ciudadanía con renovados ímpetus y liderazgos colectivos 

Mauricio Perfetti del Corral
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