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Columnistas | PUBLICADO EL 06 mayo 2021

Lúdica y misticismo

Por Óscar Domínguez Giraldooscardominguezg@outlook.com

Para batutear estos tiempos pandémicos debuto como casamentero y propongo un matrimonio entre lúdica y misticismo. En ese camino envío estos correos:

Maestro Alexis García, suerte.

Decía Tagore que el bosque sería muy triste si solo se oyera el canto de los pájaros que lo hacen bien. Necesitamos el fútbol de los ganadores y de los perdedores. Gracias por el fútbol ganador de La Equidad. Y gracias por el fútbol del derrotado Nacional.

Por supuesto, no me gustó que hubieran eliminado al verde. Sus pupilos, usted y el Panelo Valencia, su otro yo, nos apabullaron.

Muy a regañadientes los felicito. Y aunque me digan que me volteo más que un desvelado, les haré barra en la final.

Vamos por la primera estrella. Nada de terminar segundos. El segundo es el primero de los derrotados. Adiós al pensamiento de Savater, filósofo español: “La derrota tiene un grato aroma de sinceridad”. Con la achilada comunidad verdolaga, comparto esta perla del pragmatismo del inglés Kipling: “Olvida tan pronto tu victoria como tu derrota”.

Dr. Rodolfo Segovia, presidente de la Academia Colombiana de Historia, salud.

No le escribo para pedirle que reviva las clases de historia. Aunque debería. Tampoco voy a pedirle que me cuente historias de galeones hundidos.

Acudo a usted en su condición de veterano jugador de bridge. Fue presidente de la entidad que los agrupa y gracias a ese juego consiguió esposa de por vida.

En este encierro, en casa estamos hasta el esternocleidomastoideo de jugar rummy con cartas, y rummy-q, con fichas. En nuestro menú lúdico inmediato figuran parqués, estrella china, pirinola, pizingaña, trompo, zancos, yo-yo. O jugamos, o se nos corre el champú.

Aterrizo mi lagartada: Por favor, compártanos un método fácil para aprender a jugar bridge. ¿O ese juego es solo para los del gajo de arriba, y quienes estamos más cerca del estrato tres que del cinco, no lo podemos aprender?

Al padre Hernando Uribe, longevidad.

Cuando a nuestro profesor de literatura en el Colombiano de Educación le gustaba una frase de alguno de sus alumnos, decía exultante: ¡Qué metáfora tan atrevida, joven! Sabíamos que le habíamos pegado al perrito de la literatura.

Son muchas las metáforas teológicas atrevidas que encuentro y disfruto en sus columnas del viernes en este periódico. Como diría su amigo Belisario Betancur, hay un “sí es no es” de misticismo en su vida y en su prosa.

Una imagen atrevida que encontré reza: “Nos está tocando vivir un verdadero diluvio universal”. No sé si cuenta con el aval del pluviométrico Noe, pero el paralelo es afortunado.

Para matizar esta coyuntura pandémica, sus columnas son una incitación a leer a los místicos Santa Teresa y San Juan de La Cruz. Ya mismo llamo a mis amigos libreros. Empezaré por los de libros usados que no se quedan con toda la mesada

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