Síguenos en:
Columnistas | PUBLICADO EL 08 febrero 2015

“Los hijos y el cambio de vida”

Pormanuela záratewww.manuelazarate.blogspot.com

La frase “un hijo te cambia la vida” es una obviedad tan grande como un transbordador espacial, pero quienes somos padres no podemos evitar repetirla. Como todo cambio es una mezcla de bueno, malo, feo, maravilloso, complicado, simple, aleccionador, inexplicable y tanto más. Cuando eres padre todo lo que tenías seguro en la vida de pronto lo ves tambalearse, y justo cuando crees que estás haciendo un trabajo maravilloso, haces o dices algo que te hace sentir que no hay medida para tu estupidez.

En esta era de información desbordada es mentira que los hijos no vienen con su manual de instrucciones. Al contrario, uno puede seguir al pie de la letra todo tipo de consejos, instrucciones, filosofías, estilos de vida, argumentos, teorías, posiciones, que van desde la religión hasta el desarrollo del intelecto, desde la nutrición hasta la moda. Puedes pasar horas viendo en You Tube videos sobre cómo elegir, armar y montar coches hasta sentir que la marca que escojas será determinante para que tu hijo llegue a Harvard. A veces pareciera que lo que menos importa es la visión y el instinto de los padres. Viene una mamá célebre y experta, que dicta cátedra desde su experiencia que es tan empírica como la de cualquiera, pero ordena y se construye un púlpito que aunque a veces tenga razón logra el efecto que el photoshop hace con la celulitis de las modelos: distorsiona la realidad.

Es un bombardeo de consejos, todos urgentes, que van desde cómo lavar las loncheras, el juego, las tareas, los deportes, la alimentación, las horas de sueño, la calidad de los juguetes, la cita con el psicólogo, el pedagogo, todo con el mismo valor prioritario. Tienes que medir todos tus actos y cada error tuyo puede costarle el éxito en la vida o la sanidad mental. Hasta que no puedes evitar sentirte juzgado y un poco frustrado, además de culpable.

La crianza se nos está volviendo agobiante por la cantidad de exigencias que nos hemos puesto. Tenemos que ser perfectos. Basta entrar al colegio y ver a los grupos de madres entregadas para corroborar que más que un rol ya parecen grupos como sectas. Uno, que llega intentando balancear todo pero sin tener toda la vida resuelta no puede evitar preguntarse en qué he fallado sin que la respuesta sea una sensación de que en todo. Hasta que en un ataque de lucidez das con tu humanidad y reconoces que no hay tiempo para todo, que lo justo para una familia es establecer prioridades. Que le hace bien a los niños entender que no son el centro del universo.

Los padres tenemos que darnos permiso para equivocarnos. Lo perfecto es enemigo de lo bueno, porque lo perfecto no existe y de metas imposibles uno construye fracaso y la frustración. Siempre preocupados por darle lo mejor a nuestros hijos olvidamos que lo más difícil de obtener, no es necesariamente lo más caro, es autoestima, cosa que se forma enseñándolos a ser ellos mismos. Lo mejor como padres es ser auténticos. Intentar ser mejores o un cambio de vida no debe implicar dejar de ser quienes somos. Es clave buscar el placer de ser padres y no solo la obligación. Ya con eso hay mucho terreno de la crianza ganado.

Si quiere más información:

.