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¿Llegaron para quedarse?

Ha sido tanta la explotación y manipulación de la rabia en las clases populares, que el cúmulo de reveses no lo ha llevado al fracaso definitivo.

hace 1 hora
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  • ¿Llegaron para quedarse?

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

¿Hay posibilidades de que se instale por largo periodo en la Casa de Nariño la extrema izquierda? Porque según todas las encuestas –por más equivocadas que algunas sean– la dan ganadora, lo que abre la innegable perspectiva de quedarse por algún tiempo en el poder, dada la pugnaz como irresponsable división de las derechas. ¿Tendrán estas un momento de reflexión, un examen de conciencia con propósito de enmienda, así solo sea por razón de sobrevivencia, para cauterizar rencillas y llegar a la segunda vuelta presidencial unidos, antes de que el telón de la comedia caiga y acabe la función en nuevo desastre nacional?

Esta ha sido una campaña de pasiones desbordadas. Rodeada de indignación ante las tropelías del régimen, de miedo ante el eventual triunfo del candidato marxista y de exacerbación de no pocos candidatos que sustituyen las tesis por las patanerías. Ha habido abundancia de escándalos por corrupción oficial, muertos por escaladas terroristas, despilfarros fiscales, maltratos al sistema de salud, fricciones y choques contra organismos judiciales y de control, rupturas sociales por la explotación de la lucha de clases, encontrones constitucionales y legales, todo bajo el paraguas del gobierno de izquierda populista que en condiciones racionales estaría condenado a perder el poder. Pero la carencia de contrapesos serios y seductores tanto en el centro como en las derechas, dedicados a devorarse los unos a los otros, van dejando abandonadas sus responsabilidades para derrotar en las urnas al enemigo común.

En un país de paradojas, lo lógico resulta contradictorio. Los absurdos son tan repetibles, que es difícil explicar cómo en medio de tantas tormentas, la favorabilidad del presidente esté por encima del 40%, cuando otros gobernantes, con menos tropelías y errores de los cometidos por el actual, tuvieron al final de sus mandatos unos niveles de reprobación muy superiores a los de Petro. El teflón que lo cobija es a prueba de todo ataque de la oposición y en él se resbalan los escándalos, ahogados por las bodegas que ha financiado su administración para contrarrestar las denuncias de sus adversarios.

Esa posibilidad de que gane Cepeda se hace incomprensible ante la razón. Pero se puede entender, dada la incapacidad de la oposición y la habilidad del actual mandatario por dividir, despertando los bajos instintos de la lucha clasista y la discordia. Ha conquistado las masas a través de la proliferación, sin evaluación alguna, de subsidios, alzas desproporcionadas en el salario mínimo, recursos sin control alguno y sin la mínima contraprestación para los indígenas, así el costo financiero y fiscal tenga al país al borde del colapso. Ha hecho suyo aquel principio populista de que “si quiere popularidad predique desmesura pero no aplique austeridad”.

Como se ve en las encuestas, los fracasos poco han afectado al régimen. Ha sido tanta la explotación y manipulación de la rabia en las clases populares, que el cúmulo de reveses no lo ha llevado al fracaso definitivo, situación a la que contribuye el desprestigio del llamado viejo establecimiento, el que podría tener un infortunio mayor en las elecciones presidenciales, de persistir el fuego amigo.

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