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Por Lewis Acuña - www.lewisacuña.com
La guerra del Peloponeso fue el conflicto bélico más trascendental y mortífero de la Antigua Grecia. Nadie llevó la cuenta exacta de los muertos que dejaron los 27 años de batallas, pero los historiadores calculan alrededor de 600 mil.
En ese escenario, Pericles, el legendario general ateniense, lideraba una flota imponente de 150 barcos. Era una expedición de ataque que recibió un presagio terrible de los dioses, según las creencias. No era un fenómeno astronómico cualquiera. Nadie se preparaba para contemplarlo ni se consideraba un espectáculo del universo. El eclipse total de sol ocurrió justo antes de que las tropas y los marineros terminaran de embarcar. Todos quedaron aterrorizados, incluyendo a Pericles, el gran general forjado en mil batallas y quien había visto a la muerte en sus más crudas formas. Lo que se decían es que la misión estaba maldita, pero antes de que la misión se hundiera por el pánico y no por los ataques enemigos, Pericles decidió actuar.
Se quito su ostentosa y pesada capa de comandante dirigiéndose en la penumbra al capitán del barco, que se aferraba al timón mientras miraba al cielo paralizado. La puso sobre su cabeza, cubriendo sus ojos, su cara, su expresión de tragedia. Lo sacaba de esa especie de trance del espanto para preguntarle si también tenía pánico por no ver nada por su capa. Lo cuestionó sobre esa oscuridad y la del cielo.
La respuesta del hombre fue precisa, le dijo que no había ninguna. Que prácticamente era la misma oscuridad. El general gritó, para asegurarse que fuera escuchado y su mensaje replicado, que sí había una y muy simple. Que la del cielo solo era una sombra más grande, no un obstáculo celestial. La perspectiva lo es todo.
El cerebro humano no solo procesa hechos. Procesa interpretaciones. Cuando algo pasa sin explicación, sin contexto, sin aviso, la mente no pregunta qué está ocurriendo. Pregunta qué significa. Esa pregunta casi nunca se responde con datos argumentados. Se responde con miedo, con memoria, con lo que otros a tu alrededor parecen estar sintiendo. La percepción no es pasiva. Es un acto de construcción permanente y en esa construcción intervienen creencias que nunca elegiste conscientemente y experiencias que siguen activas aunque no las recuerdes. Tú has vivido esto. Hay algo que durante años viste de una forma y un día, sin que nadie te lo explicara, lo viste distinto. Ese día algo cambió. No el hecho. Tú.
La perspectiva no describe la realidad. La construye. No describe la realidad. La fabrica. Cada decisión que has tomado, cada relación que construiste o abandonaste, cada límite que cruzaste o que no te atreviste a cruzar, nació primero en el lugar desde el que mirabas, no en lo que había frente a ti.
Cambia el punto. Cambia el mundo.