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Columnistas | PUBLICADO EL 03 febrero 2022

Las relaciones internacionales colombianas

Por Rodrigo Botero Montoya redaccion@elcolombiano.com.co

La política internacional del país recibe una baja prioridad en el debate público nacional. No obstante ser la conducción de las relaciones internacionales una responsabilidad indelegable del jefe del Estado, ese es un tema al cual los candidatos presidenciales le asignan poca atención. La Comisión Asesora de Relaciones Exteriores raramente es convocada por el gobierno. Este desinterés por lo que sucede allende de las fronteras coincide con una continuidad en la política exterior colombiana que contrasta con los virajes bruscos y las contradicciones que se observan en las relaciones internacionales de algunos países latinoamericanos.

Esta peculiaridad nacional es atribuible a varios factores. En lo que respecta a los principales lineamientos de la política exterior, hasta ahora ha existido cierto consenso entre los dirigentes colombianos, independientemente de las eventuales diferencias partidistas. Así se explica la postura colombiana de apoyo a las democracias occidentales con motivo de las dos guerras mundiales y durante la posterior confrontación con los regímenes comunistas.

En temas bilaterales puntuales, como la posesión de San Andrés y Providencia y la delimitación del mar territorial con Venezuela, están de por medio intereses nacionales permanentes. Con Brasil, Perú, Ecuador, Panamá y Costa Rica, hay relaciones constructivas. Colombia participa activamente en los asuntos interamericanos, conservando la libertad para disentir con cordialidad de ciertas posiciones regionales mayoritarias, tales como el apoyo a la invasión de la dictadura argentina a las Malvinas o el incumplimiento de la deuda externa durante la década de los años ochenta.

Por lo demás, las relaciones internacionales tienen en la actualidad una multiplicidad de protagonistas diferentes a los oficiales. La sociedad civil, la academia, las organizaciones no gubernamentales, las empresas y los medios de comunicación participan de alguna manera en la conformación de redes de interacción con el mundo exterior. Esto es particularmente acentuado en los temas relacionados con el comercio, las finanzas y la tecnología. Tanto la inversión extranjera directa en Colombia como las inversiones colombianas en el exterior conllevan implicaciones diplomáticas. Algo similar ocurre con los acuerdos de libre comercio vigentes, los flujos financieros y la incorporación de tecnología foránea en la actividad productiva nacional.

Recientemente se ha anunciado el inminente ingreso del Ecuador a la Alianza del Pacífico. Las bolsas de valores de Chile, Colombia y Perú han acordado asociarse. El banco central de Chile ha manifestado su deseo de aproximarse al Fondo Latinoamericano de Reservas (Flar), cuya sede está en Colombia. Estas iniciativas repercuten sobre el manejo de las relaciones externas del país.

A corto plazo, habría manera de darle mayor prominencia al tema de las relaciones internacionales. Es previsible que uno de los candidatos presidenciales no comparta el consenso tradicional acerca de la identificación con las democracias occidentales. Debería exigirse que explicara la alternativa que ofrece. La propuesta de proscribir de inmediato los combustibles fósiles tendría, además de costos fiscales significativos, implicaciones para las empresas extranjeras de carbón y de petróleo. Quien proponga un cambio radical en las relaciones internacionales debería hacer explícitas sus consecuencias 

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