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Columnistas | PUBLICADO EL 21 enero 2022

Las bodas de Caná

Por hernando uribe c. hernandouribe@une.net.co

El relato de las bodas de Caná es una página inmortal de la literatura y la teología. Fiesta en la cual celebramos por anticipado la alianza eterna del Creador con la criatura, y cuyo distintivo es el amor, que tiene en Jesús la expresión perfecta: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10, 30), y también: “Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (Juan 17, 21).

La Madre de Jesús ocupa el centro de esta boda, pues está atenta a que, gracias a la presencia de ambos, nada empañe la luminosidad de aquel esplendoroso cielo azul. Y, así, llega un instante en que ella dice al hijo: “no tienen vino” (Juan 2, 3). Así se revela con pasmosa claridad el misterio de salvación de aquella mamá y de aquel hijo.

Ya el profeta Isaías (25, 6) había presentido estas bodas. “Preparará Yavé [...] un convite de vinos generosos y manjares sustanciosos”. Y el vidente del Apocalipsis (19, 7) revelaba este secreto: “Luego me dice: escribe: ‘Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero’”. Es el reino celestial, el banquete escatológico.

En una boda, los asistentes comparten sentimientos, pensamientos y palabras de amor, a la vez que elegancia en el vestir, anticipo del paraíso. Con razón escribe Lucas (12, 37): “Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos; yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno en uno, les servirá”. El anfitrión es el mismo que sirve y el manjar que sirve.

San Juan de la Cruz es un vidente asombroso. “En la interior bodega / de mi Amado bebí”. Versos que él mismo comenta. “Así como la bebida se difunde y derrama por todos los miembros y venas del cuerpo, así se difunde esta comunicación de Dios en toda el alma [...] según el entendimiento, bebe sabiduría y ciencia; y según la voluntad, bebe amor suavísimo; y según la memoria, bebe recreación y deleite en recordación [...] de gloria”.

En las bodas de Caná el agua es el aporte humano y el vino el aporte divino. María y Jesús en comunión, la armonía perfecta. Ratzinger comenta: “El don de Dios, que se entrega a sí mismo, viene ahora en ayuda de los esfuerzos del hombre, y con ello crea la fiesta de la alegría, una fiesta que solamente la presencia de Dios [...] puede instituir”.

Hombres del siglo XXI, cuando amamos, celebramos las bodas de Caná, pues el amor es el distintivo de Dios y del hombre, el vino de las bodas de Caná 

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