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Columnistas | PUBLICADO EL 22 agosto 2021

Empresas y valor social

Por David Escobar Arango*david.escobar@comfama.com.co

Querido Gabriel,

Quienes lideramos organizaciones empresariales en estos tiempos navegamos entre dos aguas. Algunos piensan que no pueden con más “cargas”, que suficiente tarea es salir de la crisis y que “eso” del capitalismo consciente les endilga responsabilidades ajenas. De otro lado, las personas cada vez esperan y exigen más de las empresas, su quehacer, su comunicación, sus productos y sus líderes. Para ambos grupos es claro, en todo caso, que ya pasaron los tiempos en que dar trabajo y pagar impuestos eran el sello de un empresario decente. Pero ¿cómo se recorre el camino?, ¿cómo dejar el miedo y cambiar los incentivos? ¿Conversamos sobre capitalismo consciente, de las urgentes fuerzas que lo impulsan y del coraje necesario para insertarlo en el alma de la sociedad?

En tiempos extraordinariamente complejos, ante desafíos sociales que no ceden, y frente a problemas nuevos que parecen superarnos, como el desequilibrio ambiental y la crisis de la democracia, tal vez la aproximación sea sistémica y no funcional, colectiva y no sectorial. ¿No crees que las empresas tienen capacidades únicas que podrían ayudarnos a avanzar por este laberinto?

Lo pensaba leyendo a Bill Gates, por su compromiso frente al cambio climático. Las empresas son las organizaciones humanas más exitosas y admirables de los últimos doscientos años. Las más grandes superan de lejos a Estados e iglesias. Han aprendido a adaptarse al cambio, tienen una visión de largo plazo que no se ve en casi ningún líder político, saben cooperar entre ellas para resolver los retos más complejos, agrupan el mejor talento, hacen más ciencia e innovación que las universidades, mueven más dinero que el Estado y las entidades sin ánimo de lucro. Las empresas son fundamentales para dar el siguiente paso como humanidad, si se deciden, cuando se decidan.

Porque una cosa es poder y otra es querer. Debemos dejar de confundir el capitalismo consciente con el altruismo paternalista y asumir, como dicen Sisodia y Gelb, que “la causa y la solución para muchos de los problemas del mundo es el capitalismo. Específicamente la forma como lo pensamos y lo practicamos”. Se trata de algo más. Es urgente que, desde el corazón de las empresas, dejemos atrás el miedo al cambio y comprendamos el espíritu de los tiempos.

Ante el calentamiento global, tener una meta clara de cero emisiones y regeneración de ecosistemas. Ante la pobreza y el hambre, innovar en productos y servicios para que lleguen a la mitad excluida del país, con buena calidad y mejor precio, y comprar más a emprendedores urbanos y rurales. Ante la epidemia de enfermedades causadas por alimentos científicamente comprobados como dañinos para la salud, un plan para reemplazarlos por completo y advertir a la gente de sus riesgos. Ante la lejanía con los jóvenes, revolucionar nuestros procesos de talento humano para que comprendan y se adapten a una nueva manera de ver el mundo y la vida. Ante los temas difíciles, como la paz, la corrupción, la legalización de la droga, la devastación ambiental o la política populista, necesitamos voces contundentes de líderes y organizaciones empresariales que pongan límites y hagan propuestas desde el humanismo, la racionalidad, la ciencia y el mercado.

Me siento orgulloso de las empresas de mi región y de mi país, de su capacidad de hacer y de trabajar juntas. Hicieron su tarea del siglo XX con una libreta de calificaciones tremenda. Pero el éxito del pasado no garantiza el del futuro, incluso la definición misma de la palabra ha cambiado. El siglo XXI, que para algunos comenzó con la pandemia, nos susurra, nos grita, nos necesita, nos requiere; no podemos ignorar este llamado * Director de Comfama.

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