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A lo largo de los siglos, el palacio ha sido hogar de nobles, comerciantes e incluso de la “realeza” del rock británico.
Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com
Venecia continúa siendo, a pesar del asfixiante turismo que la asedia, una ciudad cuya belleza corta la respiración. La imagen de sus palacios que parecen flotar sobre los canales queda fija en la memoria de quien tiene la oportunidad de visitarla con calma alguna vez. Y no son pocas las personas que juegan a imaginar cómo sería vivir en un lugar con tal concentración de arte e historia a la vez.
Dado su reducido tamaño, su superficie terrestre apenas ocupa 157 kilómetros cuadrados, cualquiera diría que cuando se pone en venta alguna propiedad, esta vuela de las manos de los agentes inmobiliarios. Puede que sí, a no ser que se trate de Cá’ Dario, el “palacio maldito de Venecia”. Lo acaban de restaurar, su venta se ha confiado a Christie’s, pero no hay forma de convencer a los posibles compradores, que no se han asustado por su precio de 20 millones de euros, sino por las historias trágicas que hay en su pasado.
Ca’ Dario es uno de los más bellos palacios que miran hacia el Gran Canal y su majestuosa fachada renacentista destaca como símbolo del imperio que erigieron los venecianos. Se construyó en el siglo XV y tiene nueve dormitorios, ocho baños y grandes salas de recepción llenas de frescos. Su nombre viene del primer propietario, Giovanni Dario, un diplomático que se convirtió en héroe después de asegurar un tratado de paz con el imperio otomano. A lo largo de los siglos, el palacio ha sido hogar de nobles, comerciantes e incluso de la “realeza” del rock británico.
Sin embargo, la historia de Ca’ Dario está asociado con al menos siete muertes, la más horrible ocurrida en 1970 cuando su entonces propietario, el conde Filippo Giordano delle Lanze, fue asesinado dentro de sus muros por su novio, un marinero que huyó a Londres y más tarde fue asesinado. Se dice que otro de sus propietarios, el manager del grupo The Who, Christopher “Kit” Lambert, dormía en otro lugar para escapar de los fantasmas, pero aún así, la gente cree que la maldición de esa propiedad fue la causante de que Lambert cayera en las drogas, sufriera una crisis financiera y luego muriera en Londres en 1981 después de caer por un tramo de escaleras.
Las leyendas se acumulan porque en la década de 1980 el palacio fue comprado por el financiero italiano Raúl Gardini, quien se vio envuelto en un escándalo de corrupción de alto perfil y se suicidó en Milán en 1993. Y la maldición se extiende hasta para quienes piensan en comprar la propiedad, como le ocurrió a Mario Del Monaco, un tenor operístico que cambió de opinión después de estar involucrado en un grave accidente automovilístico de camino a verla. Hasta John Entwistle, bajista de The Who, que murió en Estados Unidos en 2002 una semana después de alquilarla.
Lo tienen difícil los agentes inmobiliarios con tanto fantasma. Pocos quieren recordar a los cientos de habitantes que a lo largo de los siglos vivieron hasta una edad madura en el palacio, incluido Dario, que murió de causas naturales a los 80 años. Es que en pleno siglo XXI, la superstición sigue venciendo a la razón.