viernes
7 y 9
7 y 9
El año 2020 debía ser un año relativamente tranquilo. Sin ir más lejos el FMI en su informe del 31 de enero, se preguntaba si había una ¿tenue estabilización, lenta recuperación? , y tenía un crecimiento esperado de la economía mundial de 3,3% para este año. En general, el mensaje era de un cauteloso optimismo teniendo en cuenta que se había superado la incertidumbre que producían el Brexit y las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China.
Dos meses después la situación ha cambiado sustancialmente. La irrupción del virus, además de causar un drama humanitario y afectar la salud de la población, impactó a la economía de forma totalmente inesperada. El primer efecto de la epidemia fue la ruptura de las cadenas de suministros de una industria mundial que estaba en plena recuperación. Se trata de un problema de oferta, como dicen los economistas, pero que no es tan dramático porque puede superarse. De hecho, la industria por fuera de China estaba sufriendo por la escasez de productos intermedios provenientes de ese país, y encontró alternativas.
Sin embargo, la naturaleza del choque económico cambió a medida que progresó la epidemia. La difusión de la información sobre la parálisis de la economía china durante tres semanas, en virtud de las cuarentenas y, de otro lado, la velocidad de la propagación del virus fuera de China provocaron un segundo momento de la epidemia, con consecuencias sobre los mercados bursátiles en todo el mundo, con pérdidas enormes. Al riesgo de abastecimiento se agrega la perspectiva de una caída de la demanda mundial que podría llegar a ser tan grave como la del 2007, de acuerdo con la evolución de las cosas.
Ese el contexto de la sorprendente reducción de la tasa de interés de referencia que hizo la FED la semana pasada. El coronavirus supone riesgos, ese fue el mensaje. Ya lo habían hecho antes los bancos centrales de Japón y China. Hace pocos días el Banco Central de Canadá, el de Australia e Indonesia hicieron lo propio. Y se espera que el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo también lo haga. Del G7 se esperan medidas fiscales y monetarias para suavizar el impacto económico del coronavirus,
No hay acuerdo para definir el papel de los bancos centrales en una situación como esta. Para algunos, la política monetaria de reducir las tasas de interés no puede contener la enfermedad o reparar las cadenas de valor. Eso resulta cierto, hay que admitir que la política monetaria no ayuda a contener la enfermedad, tampoco debe actuar ante el tema del abastecimiento, que como es un tema de oferta, no le corresponde. Pero, y acá es donde es útil la diferenciación entre el choque de oferta y el de demanda causados por la epidemia, la reducción de las tasas puede estimular a la demanda, como en 2007, cuando muchos bancos centrales redujeron drásticamente sus tasas de interés y lograron la tracción suficiente para que esta reaccionara, inclusive en Colombia.
Sino que requiere mucho dinero para financiar campañas de información y organizar de otra forma las actividades cotidianas de la población (teletrabajo, educación en casa o virtual que implican concentración de las personas y, por ende, un mayor riesgo de transmisión del virus) .