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Hace un par de años, pensando en cómo ser más conscientes de las realidades que nos rodean y en cómo ser más participativos desde la opinión y la acción, con un grupo de amigos creamos una tertulia que se reúne cada mes para tratar temas que consideramos relevantes para nosotros y para la ciudad. En esta línea, quisimos que cada uno de los participantes tuviera posiciones de liderazgo local y responsabilidades en el mundo empresarial, cultural, social, público, académico. La idea en este grupo siempre ha sido recuperar el valor de la palabra, discutir, analizar y opinar sobre diferentes temas de actualidad local, nacional e internacional siempre en el terreno de las diferentes visiones, acorde a las profesiones y responsabilidades de cada uno de los asistentes.
Bajo la polarización actual, que borra matices y parece solo admitir el blanco y el negro, la idea de nuestra tertulia ha sido siempre permitir, a través del diálogo y la diferencia, una paleta que abarque todas las gamas y colores. Algo fundamental para opinar con criterio y seriedad.
Hacer parte de estas conversaciones mensuales, en las que la presencia física es indispensable, me hace pensar en cómo las redes sociales permiten “opinadores” profesionales y anónimos que hablan de todo y de nada, sin un sustento claro. Es fácil ver mentiras que se vuelven verdades, y verdades que se hacen mentira al amparo de intereses personales o políticos, de odios privados que terminan por imponerse. Nos hemos vuelto mercenarios de la desinformación, sin que esté muy clara la génesis de ésta.
La velocidad con que ocurren las miles de noticias en el mundo, y la forma en que pasan por nuestras redes cada segundo deberían hacernos reflexionar. La verdad no está en un tuit ni tampoco en una noticia de televisión. La verdad es múltiple e inabarcable, y surge de pegar miles de visiones, de subjetividades. Por eso, esa búsqueda de la verdad quizá solo implique que podemos acercarnos a ella, y apenas rozarla, porque nadie puede decir que es dueño de ella.
En nuestra última tertulia, alguien manifestó: “en mi sector yo siento que tengo liderazgo y mis opiniones son muy relevantes y atendidas. En nuestra tertulia mi intención es escuchar, porque he aprendido a entender que acá todos somos iguales desde nuestro desconocimiento de muchas realidades, por eso escucho, pienso y analizo antes de opinar”.
El mundo es sistémico, todo está conectado de alguna forma, por ello mi invitación es a que en nuestras sociedades existan más tertulias, cafés, espacios de conversación donde nos encontremos con otros que, ojalá no piensen igual, y a que posiblemente no cambien la totalidad de nuestros paradigmas. Pero aceptar otras visiones, estoy seguro de que estamos siempre un poco más cerca de alguna verdad. Cada vez que termina una tertulia agradezco a estos amigos asistentes porque al final de todo me enriquecen y me ayudan a entender el mundo de otra forma.