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Columnistas | PUBLICADO EL 03 julio 2022

Con la ley de la gravedad no se negocia

Voracidad de constructores e invierno natural, una combinación fatal que nos recuerda lo frágiles que podemos ser ante la naturaleza o ante los errores humanos.

Por Elbacé Restrepo - elbaceciliarestrepo@yahoo.com

Las laderas de nuestras montañas son frágiles y no debería abusarse de ellas. Bien sea en estrato uno o seis, cada año la temporada invernal cobra factura, a veces con IVA incluido y muchas vidas de por medio. Con las lluvias torrenciales llegan las calamidades, los deslizamientos, las muertes, los accidentes, las carreteras acabadas, los pueblos incomunicados, el desabastecimiento, las inundaciones, las evacuaciones, el miedo a quedarse, literalmente, con la casa caída. O sin casa, mejor dicho.

Manrique y Atavanza, en Rodeo Alto, son apenas dos ejemplos, situados en puntos cardinales muy distintos de Medellín, donde sus habitantes están sufriendo lo indecible, unos por cuenta de las inclemencias del clima, otros por fallas estructurales en la construcción, sin normas técnicas, de una piscina que no se usa desde hace dos años, pero que ya ha causado estragos en toda la unidad. Voracidad de constructores e invierno natural, una combinación fatal que nos recuerda lo frágiles que podemos ser ante la naturaleza o ante los errores humanos. Y ante la indiferencia de las autoridades, como me lo recuerda una denuncia hecha desde el año 2020 sobre una situación de alta complejidad por un muro de gaviones que pone en riesgo la vida de varias personas en el barrio Miranda, en Aranjuez, y cuya respuesta por parte de la administración actual fue un impasible “los recursos no alcanzan para atender a toda la comunidad”. Léase: “Defiéndase como pueda”.

Y ante cada montaña que no soporta más peso ni más agua, o frente a cada edificio que amenaza un desastre porque faltaron concreto o hierro, recuerdo las palabras de un amigo ingeniero: “La urbanización masiva, el banqueo de taludes, el mal manejo de las aguas superficiales y la tala de bosques y rastrojos de las partes altas también influyen en esa inestabilidad. ¡Y la mala calidad de las obras de ingeniería! La debilidad estructural de esos suelos, lejos de ser respetada, ha sido violentada. De ello son responsables, por acción u omisión, por descuido o por dolo, funcionarios municipales y departamentales, ingenieros, constructores, propietarios de tierras y curadores interesados solo en el mayor beneficio económico con los menores costos posibles. Lo anterior no implica que nada pueda construirse en esas laderas. Pero sí se requiere aplicar todas las consideraciones técnicas y ambientales necesarias, porque con la ley de la gravedad no se negocia. Ella siempre gana. Las fuerzas naturales son ingobernables, pero sus efectos pueden ser previstos y controlados de tal forma que se eviten daños a los bienes y a las personas. Esta es la verdadera misión de la ingeniería”.

De la palabra casa todos tenemos una historia profunda entre pecho y espalda. Que a nadie se le vuelva recuerdo porque un aguacero incesante o una mala práctica la borró de la nomenclatura. De spaces y parecidos, ni uno más. Y de la vida, ni se diga 

Elbacé Restrepo
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