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Columnistas | PUBLICADO EL 15 octubre 2021

Con el acuerdo ganó Colombia

Por Henry Medina Uribemedina.henry@gmail.com

Este mes celebramos los cinco años de la firma del acuerdo de paz con las Farc, reconocido y aplaudido en el mundo entero. Evidentemente no era viable que un conflicto bélico de más de medio siglo, sin victoria decisiva para ninguno de los contendientes, finalizara por decreto, como bajando el telón del teatro una vez terminado el melodrama.

Se trata, por el contrario, de un proceso de decantación y superación de las motivaciones que le dieron origen y lo alimentaron, de fortalecimiento de la confianza y de construcción de nuevas perspectivas. Por ello debe verse con paciencia y optimismo.

El proceso de paz inició en el año 2012, con el ánimo de poner fin a una lucha fratricida de más de 50 años que ha frenado el desarrollo del país y causado la pérdida de más de 300 mil vidas, 25 mil desaparecidos, 24 mil secuestrados, 343 masacres y más de 8 millones de desplazados. La paz debe ser un derecho, un deber y un propósito. Su búsqueda ha sido un continuo desde “la oración por la paz” de Jorge Eliécer Gaitán, semanas antes de su asesinato en 1948, pasando por los esfuerzos parcialmente exitosos de Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria y expresiones masivas como la “marcha por la paz, la democracia y la defensa de lo Público”, del 9 de abril del 2013, ya en curso las conversaciones de La Habana.

Después de cuatro años largos de conversación, el 25 de septiembre de 2016 se firmó el acuerdo en Cartagena, el cual se puso a consideración de la opinión pública mediante plebiscito del 2 de octubre del mismo año. El resultado fue un NO a los acuerdos, con una ventaja sobre el SÍ inferior al 0,5 % de la votación total.

Pero es importante recordar que el plebiscito no era jurídicamente obligatorio para la validez de los acuerdos y que existieron circunstancias anormales que afectaron el resultado.

El apoyo a los acuerdos fue mayoritario en más del 70 % del territorio nacional, y contundente en las áreas más azotadas por la violencia. Pero la acción decisiva y perversa provino de sectores del Centro Democrático, según confesión de Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña por el NO, quien declaró que la estrategia del partido fue generar indignación, en vez de explicar las supuestas desventajas de lo pactado, y hacer “que la gente saliera a votar berraca”. También declaró que la campaña del NO fue financiada por empresarios y organizaciones de gran poder económico.

A consecuencia de los resultados en las urnas se crearon mesas de discusión entre las dos fuerzas y 53 días después se acordó entre las partes un nuevo texto, denominado “Acuerdo del Teatro Colón”, el cual fue validado por el Congreso de la República y la Corte Constitucional.

Han pasado cinco años con beneficios evidentes, aunque lejos de lo posible, esperado y necesario, porque los intereses que se benefician con el statu quo y la violencia son poderosos, porque no existe intención política de las partes para el pleno cumplimiento de los acuerdos y porque se ha dado un tratamiento equivocado al problema del narcotráfico. También falta propiciar las circunstancias para avanzar en las negociaciones con el Eln.

Colombia ganó con el acuerdo y no hay evidencia en contra. Negarlo es un solemne despropósito. Lo que debemos hacer es cumplirlos y hacerlos cumplir 

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