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¿Nevera, ducha o aire acondicionado? Estos son los “vampiros” que se comen la plata en la factura de energía

La electricidad acumuló un aumento anual de 7,59% en agosto y el fenómeno de El Niño puede presionar aún más el consumo de los hogares. La nevera, la ducha eléctrica y los equipos de refrigeración están entre los aparatos que más pesan en la factura.

  • El consumo de electricidad puede aumentar durante El Niño por el mayor uso de ventiladores, aires acondicionados y duchas eléctricas. FOTO ARCHIVO
    El consumo de electricidad puede aumentar durante El Niño por el mayor uso de ventiladores, aires acondicionados y duchas eléctricas. FOTO ARCHIVO
hace 1 hora
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La cuenta empieza antes de abrir la nevera o encender la ducha. En agosto, cuando los hogares colombianos todavía estaban asimilando una inflación anual de 6,24% y un aumento de 5,35% en el costo de vida en lo corrido de 2026, la electricidad volvió a poner presión sobre el bolsillo. Y mientras el calor lleva a más familias a prender ventiladores, aires acondicionados o duchas eléctricas, la sequía reduce el agua disponible para producir energía y obliga al sistema a apoyarse más en generación térmica, más costosa. El resultado es una combinación que puede sentirse en el recibo de los servicios, en el mercado y hasta en la compra de un electrodoméstico.

El dato oficial del Dane muestra la magnitud del problema: la inflación anual pasó de 6,03% en julio a 6,24% en agosto y quedó 1,14 puntos porcentuales por encima de la registrada un año atrás.

En los primeros ocho meses del año, el aumento acumulado fue de 5,35%. Alimentos y bebidas no alcohólicas acumularon una variación de 7,16%, mientras restaurantes y hoteles llegaron a 7,10%. En el caso de la electricidad, el encarecimiento anual alcanzó 7,59% en agosto y aportó 0,26 puntos porcentuales al resultado de la inflación, de acuerdo con la información reportada sobre el IPC.

Es decir, El Niño no llega a la economía familiar únicamente como una cuestión climática. Puede aparecer como una factura más alta, como un mercado que cuesta más, como la necesidad de comprar un ventilador para enfrentar el calor o como el gasto adicional de una familia que decide cambiar una nevera vieja por una más eficiente.

Y esta vez hay una presión adicional: desde septiembre comenzó a operar el programa transitorio de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), que establece una meta individual de consumo para los usuarios regulados y contempla cobros adicionales cuando se supera en más de 10%. La meta se calcula con base en el comportamiento histórico de cada usuario. Si el consumo queda por debajo del 90% de la meta, se genera ahorro reconocido que puede traducirse posteriormente en un saldo a favor; entre 90% y 110% no hay cobro adicional; y por encima de 110% se activa el recargo sobre el excedente.

Para los hogares de estratos 1, 2 y 3, el factor de cobro es de 1,30; para los estratos 4, 5 y 6, de 1,50. En usuarios comerciales e industriales regulados llega a 1,70. No se trata, sin embargo, de un aumento general de la tarifa eléctrica: la propia CREG precisa que el programa no modifica las fórmulas tarifarias generales y que los cobros adicionales son transitorios.

El primer ciclo de facturación es pedagógico. Esto significa que, aunque el usuario pueda ver reflejado cuánto habría sido el cobro adicional, ese primer exceso tiene carácter informativo; los cobros efectivos comienzan en el ciclo siguiente. La medida tendrá una duración inicial de seis meses y puede prorrogarse si persisten las condiciones que la originaron.

La decisión de la CREG se produce en un contexto climático que ha venido endureciéndose. El Ideam informó en septiembre que las condiciones de El Niño continúan fortaleciéndose y que existe una probabilidad superior al 90% de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027. La entidad también señaló una probabilidad de 75% de que el episodio se ubique entre los más intensos de los últimos 76 años.

Ahí aparece una pregunta doméstica que hasta hace poco parecía menor: ¿qué tanto puede hacer una familia para que el fenómeno no termine comiéndose una parte adicional del ingreso?

La respuesta de los expertos coincide en algo: antes de salir a comprar aparatos nuevos, hay que mirar qué está consumiendo realmente la vivienda.

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El verdadero ‘vampiro’ puede estar en la nevera, el aire o la ducha

Para Jhony Ospina, CEO de Sagy, startup paisa fundada en 2023 que utiliza inteligencia artificial y analítica de datos para optimizar el consumo de servicios públicos, el primer efecto de una temporada seca está en la forma como se produce la electricidad.

Colombia depende en buena medida de la generación hidroeléctrica. Cuando los embalses pierden niveles, el sistema necesita recurrir más a plantas térmicas. “El fenómeno del Niño y teniendo en cuenta que gran parte de la electricidad que se produce en Colombia es por hidroeléctrica lo que hace es que los embalses bajen, que haya menos energía y en esos escenarios de menos energía disponible pues usualmente lo que toca hacer para compensar esa energía es prender centrales térmicas”, explica.

Ese cambio de generación tiene una consecuencia económica: “La tarifa de energía termina subiendo porque es más costoso producir en esas centrales”.

Ospina advierte que el problema puede agravarse cuando el hogar responde al calor aumentando su consumo. Un aire acondicionado encendido durante más horas, una ducha eléctrica más prolongada o una nevera trabajando de manera ineficiente terminan sumándose a un escenario en el que cada kilovatio adquiere mayor importancia.

Y aquí aparece una diferencia clave entre los llamados “vampiros” y los grandes consumidores de la vivienda. Los aparatos que permanecen conectados en modo de espera —televisores, cargadores, relojes, equipos electrónicos— sí consumen energía, pero según Ospina representan una proporción pequeña frente a los equipos que realmente trabajan durante horas.

“Del gasto total de energía en un hogar, ¿cuánto se va a encargar un celular, los AirPods o el Apple Watch o todo ese tipo de cosas? Eso no debe superar el 3 o 4%. Entonces, uno enfocarse en ese 3 o 4% es bobada. No debería enfocarse es en el 80%, que es lo que es el Pareto. ¿Dónde es que está mi gasto más grande y ahí tomar medidas?”, sostiene.

La UPME permite aterrizar esa afirmación. En clima templado, la refrigeración representa 52% del consumo eléctrico residencial caracterizado; en clima frío, 49%, y en clima cálido, 45%. En este último caso, la ventilación alcanza 28%. En clima frío, el calentamiento de agua representa 22%.

Por eso, una nevera puede ser mucho más determinante que un teléfono conectado toda la noche. No porque consuma una potencia extraordinaria, sino porque funciona permanentemente.

Ospina pone además la lupa sobre los equipos antiguos. Según su experiencia, un electrodoméstico moderno de alta eficiencia puede reducir de manera considerable el consumo frente a uno muy viejo. En el caso de una nevera antigua, calcula que el ahorro puede superar 50% y llegar incluso a 60%, dependiendo del equipo de referencia.

Pero comprar una nevera nueva no garantiza por sí solo una reducción de la factura. La ubicación también cuenta. “Puedes tener una nevera nueva, pero si la tienes al sol todo el día porque en tu cocina le pega el sol de la mañana a la nevera porque entra por la ventana o lo que sea, pues ahí lo que está haciendo es generando un perjuicio”.

La etiqueta energética es, por eso, una herramienta para mirar antes de comprar. La UPME ha trabajado precisamente en el etiquetado de electrodomésticos y en la caracterización del consumo residencial, con énfasis en refrigeración, ventilación, calentamiento de agua e iluminación.

En la cocina también hay pequeños cambios que se acumulan. Una lavadora debe utilizarse, en lo posible, con carga completa y con agua fría. La ropa puede secarse al aire libre cuando las condiciones lo permitan, en lugar de utilizar una secadora eléctrica. Y en la nevera conviene revisar los empaques de las puertas, evitar introducir alimentos calientes y procurar que el aparato tenga ventilación adecuada.

“En la lavadora, lo ideal es siempre hacer lavados con carga completa, no hacer lavados con cargas parciales o con poquita ropa”, dice Ospina.

La ducha es otro punto crítico. Una ducha eléctrica convierte electricidad en calor de manera directa y concentra un consumo alto en pocos minutos. Por eso, reducir el tiempo de baño puede tener un efecto simultáneo sobre el agua y la energía.

Ospina recomienda, además, revisar los cabezales de ducha. Los dispositivos de bajo flujo pueden reducir el caudal, mientras que en los grifos los aireadores pueden disminuir el consumo de agua sin que necesariamente el usuario perciba una pérdida importante de presión. La guía de ahorro de Sagy para empresas estima que los aireadores pueden reducir el caudal hasta 50%.

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En el baño también hay un enemigo silencioso: las fugas. Una forma sencilla de detectarlas, explica Ospina, consiste en cerrar todas las llaves de la vivienda y observar el contador de agua. Si después de unos minutos el registro cambió pese a que nadie está utilizando el servicio, existe probablemente una fuga.

Los sanitarios son uno de los lugares donde puede esconderse ese desperdicio. “Se queda vaciando permanentemente. Eso llega y va como goteando, goteando, goteando y vuelve y llena el tanque”, explica.

El problema no es solamente ambiental. Es contable: cada fuga convierte el recibo en una factura por agua que nadie utilizó.

La propia experiencia empresarial de Sagy muestra que el ahorro no siempre está en comprar tecnología sofisticada. Su guía para empresas prioriza climatización, refrigeración, gestión de demanda, iluminación, grifería eficiente, sanitarios de bajo consumo y detección de fugas. En climatización recomienda mantener el aire acondicionado alrededor de 24 °C y advierte que la suciedad de los condensadores puede aumentar el consumo entre 20% y 30%.

El 15% que puede salir de los hábitos, pero no de una fórmula mágica

La directora del programa de Administración de la Universidad de San Buenaventura, Maira Alejandra Garzón, pone una segunda variable sobre la mesa: el impacto de El Niño no termina en la factura de energía.

Puede sentirse de manera simultánea en la factura de energía, el consumo de agua, la alimentación y la compra de bienes asociados a las altas temperaturas, como ventiladores o tanques de almacenamiento”, señala.

La razón es que una sequía prolongada también puede afectar la producción agrícola, elevar costos de riego, refrigeración y transporte y, con cierto rezago, trasladarse a los precios de alimentos.

Eso ayuda a entender por qué la inflación de agosto no puede atribuirse exclusivamente al clima. El Dane reportó una inflación mensual de 0,39%, con alimentos y bebidas no alcohólicas y alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles entre las divisiones que explicaron buena parte del comportamiento del mes.

La discusión, entonces, no es si El Niño explica por sí solo el 6,24% de inflación, sino cuánto puede añadir a un presupuesto familiar que ya viene enfrentando aumentos.

Garzón considera que reducir 15% el consumo de energía y agua puede tener un efecto económico apreciable, aunque hace una precisión fundamental: ese porcentaje no significa que la factura total vaya a caer exactamente 15%, porque existen componentes fijos, subsidios, contribuciones y otros cobros que no necesariamente disminuyen en la misma proporción.

“Una reducción del 15% en el consumo de energía y agua no significa que el valor total de la factura vaya a bajar exactamente un 15%. Sin embargo, el ahorro sí puede ser significativo”, advierte.

Para ilustrarlo, plantea un hogar que paga $150.000 mensuales por energía y $50.000 por agua. Si el 15% pudiera aplicarse directamente sobre los componentes variables de consumo, el ahorro sería de unos $30.000 mensuales, o $360.000 al año, siempre que las tarifas se mantuvieran estables.

Pero la realidad puede ser distinta para cada familia. El estrato, la ciudad, el clima, el nivel de consumo y la estructura de la factura cambian la cuenta. Por eso, Garzón insiste en que el hogar no debería mirar únicamente cuánto pagó, sino cuántos kilovatios-hora y metros cúbicos consumió.

Esa diferencia será particularmente importante durante la vigencia del programa de la CREG. La meta individual no es una cifra nacional igual para todos: se calcula a partir de la mediana de los consumos promedio diarios registrados por el usuario durante los 12 meses anteriores al inicio del programa.

Así que dos vecinos pueden recibir facturas con el mismo precio por kilovatio y, sin embargo, tener metas diferentes.

El objetivo práctico para un hogar que quiera proteger el bolsillo es evitar entrar en la zona de cobro y, si es posible, situarse por debajo del 90% de su meta. La CREG establece que el consumo ahorrado reconocido corresponde a la diferencia positiva entre 90% de la meta individual y el consumo facturado, con los límites definidos por la regulación.

Esto cambia la lógica de ahorro: ya no se trata únicamente de pagar menos, sino de controlar el consumo frente al propio historial.

Y ahí aparece la cocina. Tapar las ollas, evitar precalentar durante demasiado tiempo el horno, utilizar recipientes adecuados al tamaño de la hornilla y concentrar varias preparaciones en una misma sesión son acciones que pueden reducir el desperdicio energético. En la guía de Sagy para operaciones comerciales, por ejemplo, se recomienda tapar las ollas grandes y evitar precalentar equipos mucho antes de utilizarlos porque “los minutos en vacío se pagan en gas”.

En una casa, el principio es similar: el equipo que produce calor o frío consume más cuando trabaja innecesariamente.

La ducha también ofrece una oportunidad inmediata. Cinco minutos de baño no equivalen al mismo gasto que diez, especialmente cuando se trata de una ducha eléctrica. Reducir el tiempo, cerrar el agua mientras se enjabona y reparar los escapes puede producir un ahorro acumulado sin tener que comprar ningún aparato.

La recomendación de Garzón es empezar por ahí: “Primero, conocer su meta. Cada factura mostrará la meta de consumo y el nivel de cumplimiento. El objetivo es quedar por debajo de 90% para aspirar al incentivo y nunca pasar de 110%”.

Después vienen las compras.

¿Comprar una nevera nueva o seguir con la vieja?

La discusión económica más difícil aparece cuando el electrodoméstico funciona, pero consume demasiado.

Milena Rico Areiza, socia de Servicios Contables en Russell Bedford, propone una cuenta sencilla: dividir la diferencia de precio entre el ahorro mensual esperado. El resultado indica cuántos meses se necesitan para recuperar la inversión adicional.

“Si un electrodoméstico eficiente cuesta $600.000 más que otra alternativa y permite ahorrar $25.000 mensuales, la diferencia se recuperaría en 24 meses”, explica.

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¿Nevera, ducha o aire acondicionado? Estos son los “vampiros” que se comen la plata en la factura de energía

La cuenta parece sencilla, pero tiene varias condiciones. Hay que considerar el consumo real del equipo actual, el consumo anual del nuevo aparato, las horas de uso, el precio del kilovatio, instalación, mantenimiento, vida útil y, si se financia, el costo de los intereses.

Por eso, cambiar un electrodoméstico que todavía funciona puede no ser la mejor decisión.

La nevera sí merece una atención especial. La caracterización de la UPME muestra que la refrigeración concentra 45% del consumo eléctrico residencial en clima cálido, 52% en clima templado y 49% en clima frío.

Es un aparato que no se apaga al salir de casa, trabaja durante la noche y permanece encendido durante todo el año. Un equipo antiguo e ineficiente puede terminar costando más por su consumo que lo que parece ahorrar una familia al prolongar su vida útil.

Pero tampoco significa que todas las familias deban correr a comprar una nevera nueva.

Rico Areiza pone el ejemplo de un hogar de bajos ingresos que consume poca energía: si la tarifa subsidiada es baja y el consumo del equipo actual no representa una parte importante de la factura, el tiempo necesario para recuperar la inversión puede ser demasiado largo.

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“Desde el punto de vista contable, la comparación correcta no es solamente ‘equipo viejo frente a equipo nuevo’, sino el costo total de uso o propiedad”, afirma.

En otras palabras: una nevera puede costar menos en la tienda y más durante los años siguientes.

La misma lógica aplica para aires acondicionados, calentadores, secadoras, lavadoras y hornos eléctricos. La potencia del aparato es apenas una parte de la ecuación. Importan también las horas que permanece encendido.

Por eso, la UPME advierte que no es correcto determinar el consumo únicamente por la potencia nominal. Un equipo de potencia moderada que funciona muchas horas puede terminar consumiendo más energía al mes que uno de potencia elevada utilizado durante pocos minutos.

El clima termina de modificar el mapa. En las zonas cálidas, la ventilación puede representar 28% del consumo eléctrico residencial, de acuerdo con la UPME. En clima frío, en cambio, el calentamiento de agua representa 22%.

Es decir, el electrodoméstico que más pesa en el bolsillo de una familia de Medellín no necesariamente será el mismo que en la Costa Caribe o en Bogotá.

En el caso del aire acondicionado, Ospina recomienda no llevar el termostato a temperaturas demasiado bajas. “La recomendación usualmente es setear la temperatura a 24 grados”, dice.

Cada grado adicional de exigencia puede aumentar el consumo del equipo, según el tipo, las condiciones de operación y la eficiencia. Además, un filtro sucio obliga al sistema a trabajar más.

El mensaje es especialmente relevante ahora que el calor puede inducir a los hogares a usar más climatización justo cuando la CREG está midiendo su consumo contra un promedio histórico.

El riesgo es terminar solucionando el calor a costa del recibo. Hay, sin embargo, una última pieza del rompecabezas: la inflación.

Garzón señala que el efecto de la energía puede trasladarse también a las empresas. Restaurantes, comercios, industrias y establecimientos que refrigeran alimentos, cocinan o utilizan sistemas de climatización enfrentan mayores costos operativos, que eventualmente pueden trasladarse a los precios.

Eso conecta la factura de la casa con la del supermercado. La inflación acumulada de alimentos y bebidas no alcohólicas ya llegaba a 7,16% entre enero y agosto, mientras restaurantes y hoteles acumulaban 7,10%.

Así, una familia puede enfrentar el fenómeno por tres frentes: pagar más por determinados servicios, gastar más para combatir las altas temperaturas y encontrar productos de consumo cotidiano con mayores precios.

La salida, por eso, no está solamente en apagar el bombillo que nadie está utilizando.

Está en mirar el consumo como un presupuesto. Ospina lo resume con una regla que sirve tanto para una empresa como para una casa: “Uno va a decir: ‘Ah, es que del gasto total de energía en un hogar, ¿cuánto se va a encargar un celular, los AirPods o el Apple Watch?’. Eso no debe superar el 3 o 4%. Entonces, uno enfocarse en ese 3 o 4% es bobada. No debería enfocarse es en el 80%, que es lo que es el Pareto”.

Para un hogar, ese 80% puede estar escondido en una nevera antigua, una ducha eléctrica de uso prolongado, un aire acondicionado a 18 grados, una lavadora que trabaja con cargas pequeñas o una fuga de agua que nadie ha reparado.

La temporada seca todavía tiene camino por delante. El Ideam mantiene el escenario de fortalecimiento de El Niño y la CREG dejó vigente un programa de seis meses para modificar los patrones de consumo.

La cuenta final dependerá de cada vivienda, pero el principio es el mismo: antes de comprar un aparato nuevo, revisar la factura; antes de culpar al electrodoméstico, medir su consumo; antes de dejar correr el agua, revisar si existe una fuga; y antes de subir el aire acondicionado o alargar la ducha para combatir el calor, recordar que en esta temporada cada kilovatio y cada metro cúbico pueden terminar teniendo un precio mayor.

Porque en época de El Niño el calor se siente en la calle, la sequía se ve en los embalses y el impacto, tarde o temprano, puede terminar apareciendo en el bolsillo.

Bloque de preguntas y respuestas:

¿Qué electrodomésticos consumen más energía en un hogar?
La refrigeración es uno de los principales consumos. Según la UPME, representa 45% del consumo eléctrico residencial caracterizado en clima cálido, 52% en clima templado y 49% en clima frío. En zonas cálidas también tiene un peso importante la ventilación, mientras que en climas fríos destaca el calentamiento de agua.
¿Cuánto puede aumentar la factura de luz durante El Niño?
El impacto depende del consumo, la tarifa, el estrato y las condiciones de cada vivienda. En agosto, la electricidad registró un incremento anual de 7,59%.
¿Cómo funciona el cobro adicional de la CREG por alto consumo?
La CREG estableció una meta individual basada en el historial de consumo de cada usuario. Si el consumo queda entre 90% y 110% de esa meta no hay cobro adicional; cuando supera el 110%, se activa un recargo sobre el excedente.

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