A pesar de las críticas del presidente Gustavo Petro y, en línea con lo esperado por analistas del mercado, el Banco de la República decidió ajustarse –más– el cinturón y subir las tasas de interés a 11%, un nivel que no se veía desde julio del 2001.
Significa un ajuste de 100 puntos básicos, teniendo en cuenta que en la reunión pasada los codirectores habían dejado los tipos de interés en 10%. Además, si se mira en perspectiva se trata de la décima subida desde septiembre del año pasado, cuando se llevó de 1,75% a 2% (ver Gráfico).
Al explicar el porqué de la determinación la junta del Banrep indicó que durante el último mes se agudizaron las condiciones financieras adversas que enfrenta la economía, “causadas por factores globales y factores idiosincráticos”. Esto, agregó, se tradujo en una depreciación mensual superior a los promedios de otras economías emergentes.
En palabras simples, el Banrep considera que aunque las condiciones mundiales son complejas por la alarma de recesión y varios factores más, internamente hechos políticos y económicos también generan ruido.
Aunado a esto, la inflación no da tregua y en su serie anual se trepó a 11,4% durante septiembre, hecho decisivo para la ruta elegida por la junta.
Aquí cabe resaltar que la votación para incrementar las tasas a 11% fue unánime y según el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, esto tendría efectos contraccionistas sobre la economía colombiana, pero en la medida que los precios bajen habrá espacio para que el Banrep sea más flexible.
De largo aliento
En una columna publicada esta semana en este medio, el profesor de la Universidad de Stanford, Javier Mejía Cubillos, apuntó que los efectos de las tasas van en dos grandes direcciones. La primera, influenciar el nivel agregado de la actividad económica, pues de qué tan altos estén los intereses depende la cantidad de proyectos productivos que puedan surgir.
La segunda –y más importante a su juicio–, es que las tasas repercuten en la calidad de la actividad económica, porque como solo se llevan a cabo proyectos con rentabilidades superiores a estas, entre más altas sean, más grandes serán los rendimientos de los negocios.
Para él, las bajas tasas y la excesiva liquidez de los últimos años llevaron a que los recursos y el talento humano viraran hacia actividades que difícilmente habrían generado interés en otras instancias, como los NFT (activos digitales encriptados). Por eso reafirmó que, en definitiva, las decisiones del banco central generan “consecuencias sociales” de largo plazo.
En esa dirección, los especialistas proyectan que el Emisor no ha terminado el ciclo alcista. “Con la decisión tomada por el Banco de la República no habrá determinaciones en noviembre, pero sí volverá en diciembre, cuando creemos que podría venir algún ajuste adicional de política monetaria”, apuntó Alejandro Reyes, economista principal de Bbva Research para Colombia.
De paso, hubo quienes recibieron con preocupación la noticia. “El nuevo aumento en las tasas de interés complica más el panorama económico actual y de mediano plazo. Se suma a la elevada inflación, al salto del dólar en las últimas semanas y a la expectativa por el futuro minero energético del país”, enfatizó María Claudia Lacouture, presidenta de Amcham Colombia.
Para el centro de estudios económicos Anif, la gran conclusión es que “el panorama económico de Colombia se encuentra en un momento de grandes dificultades”, y ante los mensajes del Gobierno que han aumentado la percepción de riesgo país en los mercados llamó a “ actuar con responsabilidad, dar partes de seguridad y certidumbre”, porque “aún estamos a tiempo de recomponer el camino”