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Pobreza, desempleo y trabajo no remunerado son aspectos que han aumentado la brecha de desigualdad.
Gloria Vásquez, de 61 años, describe la realidad de una mujer campesina a quien la vida no se la ha puesto fácil: “Yo no tengo nada, solo mis manitos para trabajar y no más”. Todos los jueves recolecta mora y los otros días de la semana poda. Lleva 20 años viviendo en la misma casa, los mismos que ha trabajado el campo para que su hija pueda estudiar.
Como Gloria, muchas de las mujeres rurales en Colombia viven en situaciones de vulnerabilidad, una realidad que se vio reflejada en el último informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) sobre pobreza monetaria, ya que, aunque esta se redujo en el año 2020 y los efectos de la pandemia no se vieron tanto en el campo (42,9 %, 4,6 puntos porcentuales menos frente a 2019) como en las ciudades (42,4 %, 10,1 puntos porcentuales más frente a 2019), la incidencia de la pobreza rural siguió siendo mayor para las mujeres. (Ver gráfico).
Feminización de la pobreza
Las mujeres rurales en América Latina, según la Organización de...