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Así es La Huerta Escuela, el proyecto que les muestra a los turistas otra forma de vivir Medellín

La Huerta Escuela Esther Vásquez en Santo Domingo Savio, en la Comuna 1 de Medellín, trabaja por sostener la comunidad que dio vida al barrio.

  • La Corporación Huerta Escuela Esther Vásuqe está ubicada en la Carrera 28 # 107 - 661 (Interior 1012) en lo alto del barrio Santo Domingo Savio. FOTO: Julio César Herrera.
    La Corporación Huerta Escuela Esther Vásuqe está ubicada en la Carrera 28 # 107 - 661 (Interior 1012) en lo alto del barrio Santo Domingo Savio. FOTO: Julio César Herrera.
  • Estas son Mayerli y su sobrina Nasly en el ropero de la Corporación. FOTO: Julio César Herrera.
    Estas son Mayerli y su sobrina Nasly en el ropero de la Corporación. FOTO: Julio César Herrera.
Sara Kapkin

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hace 7 horas
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Uno de los sitios más visitados por los turistas en Medellín es la Comuna 13. El lugar comenzó a ganar atractivo por sus escaleras eléctricas y el graffitour, pero, sobre todo, por la historia de resiliencia de sus habitantes, quienes han enfrentado todo tipo de violencias. La más recordada y trágica de ellas fue la Operación Orión.

Lea: ¿Se desbordó el turismo en Comuna 13? 88% de los grafitis están tapados y la comunidad busca organizarse

Sin embargo, con los años y el incremento desbordado de visitantes, el relato de los viven allí pasó a segundo plano, igual que los graffitis. El comercio se apropió de todo, hasta de la historia, creando ficciones a la medida de lo que buscan los turistas y poniendo a Pablo Escobar en el centro.

Por el contrario, en la Comuna 1, en el barrio Santo Domingo Savio, no quieren que ocurra lo mismo. Por eso insisten en promover un turismo comunitario, en el que sean ellos mismos quienes cuenten su historia.

–Nosotros acá no queremos hablar de esos personajes nefastos en la historia de Medellín, ni replicar esas formas. Queremos hablar de la comunidad, de cómo viven las familias, cómo son las relaciones entre vecinos, cómo nos ayudamos, porque somos un barrio solidario, que coopera, que ayuda, que transforma y que se construyó ladrillo a ladrillo –dice Rosalbina González, presidenta de la junta directiva de la Corporación Huerta Escuela Esther Vásquez.

–Es que este barrio se construyó así, en la procesión del adobe. Todo el mundo llegaba a la misa con un adobe para hacer una casa, una caseta, en fin, lo que fuera necesario –agrega Cecilia Sánchez, representante legal y directora de la Corporación.

La Huerta Escuela Esther Vásquez, en Santo Domingo Savio, funciona como una especie de puente para conectar el campo y la ciudad, y el barrio con las instituciones. Es como un portal que aparece en medio de las casas, con escaleras altas y pendientes que bajan, parece que no van a ninguna parte, pero conducen a una pequeña propiedad al borde de la montaña.

Ese pasaje que va de la calle a la finca es como un pequeño viaje en el tiempo porque allí, en esa casita, se guardan las historias del barrio, fundado en 1963, y las tradiciones campesinas de quienes le fueron dando forma como Esther, la abuela materna de Cecilia, que llegó desde Guarne cuando el barrio apenas empezaba a construirse.

Cecilia vino después, en 1969, cuando apenas tenía dos años. Creció ahí, entre cultivos de café, árboles frutales y una huerta. Años después, la abuela dividió la finca para dejarle un pedacito a sus herederos. Cecilia construyó en el suyo una casa para pasar los fines de semana con su esposo y su familia, pero las ocupaciones cotidianas no les dejaban mucho tiempo para ir.

–Yo la veía como muy subutilizada, entonces le dije a una amiga que es líder que quería montar una huerta porque esto era puro rastrojo, y ella me dijo que iba a hablar con la Secretaría de Medio Ambiente a ver qué, y en ese entonces estaban con el proyecto de los jardines circunvalares que incluía un proyecto de huertas. Entramos en el marco de ese programa, y nos arreglaron el espacio, lo adoptaron como una huerta y nos hicieron acompañamiento –cuenta Cecilia.

Así estuvieron hasta 2022. En ese tiempo, por la huerta pasaron varios proyectos, entre ellos un comedor comunitario, donde cada miércoles repartían almuerzos a personas de la tercera edad o a cualquier persona que llegara con ganas de comer, y un grupo de unas 20 mujeres que se reunía todos los jueves.

–Aquí venía una profesora de una corporación y nos daba clases de, por ejemplo, derechos humanos, de psicología, nos enseñaba los derechos de la mujer, nos enseñaba también sobre cómo hacer una tutela y nosotros aprendíamos todo eso. Estuvimos dos años con ella acá, viniendo todos los jueves, de dos a cuatro. No fallábamos, eran unos encuentros hermosos. Acá nos encontramos con la naturaleza y eso nos hacía sentir libres, como liberadas, sanábamos mucho con todo lo que ella nos enseñaba –dice Emperatriz Macías, integrante de la Corporación.

Ese proceso paró en tiempos de pandemia, pero para no perder el espacio, ni el grupo, armaron otro de Costura Consciente. La propuesta la hizo Julián Rodríquez, un joven administrador de la Universidad de Antioquia, vecino de Rosalbina, que llegó a la huerta interesado en temas de cuidado del medio ambiente y con ganas de acercarse a la naturaleza.

Julián heredó de su abuela una máquina de coser y con ella el compromiso de aprender. Con el grupo de mujeres trabajan reutilizando algunas de las prendas que llegan al ropero, y transformándolas en nuevos objetos, bolsos, llaveros, accesorios, en fin. Buscan pasar el rato, conversar, acompañarse y crear otras fuentes de sustento.

El grupo de costura es apenas uno de los proyectos que tiene La Huerta Escuela desde que se formalizó en 2022, cuando dejó de recibir el apoyo de la Alcaldía para el mantenimiento de la huerta. La idea era mantener los proyectos que ya acogía el espacio, crear otros nuevos, integrar a más personas de la comunidad y lograr la autosostenibilidad.­

–Nuestro plan estratégico tiene cuatro líneas: la siembra, cosecha y transformación de alimentos; el tema de economía circular, que es con las prendas a las que les damos nuevos usos y el ropero, y además el orgánico, porque transformamos los desechos en abono que vuelve a la tierra. Tenemos la educación ambiental, entonces vamos a colegios, a otras organizaciones y acompañamos a familias en todo el tema de cuidado del planeta, pero también instalando huertas; y finalmente el turismo comunitario o de acogida comunitaria –dice Rosalbina.

Aprender a ser comunidad en la Huerta Escuela

Los recorridos turísticos se realizan una o dos veces al mes. Las personas interesadas se comunican y, a medida que llegan las solicitudes, se conforman grupos de 10, 15 o hasta 20 participantes. El recorrido comienza en la estación del Metrocable y pasa por diferentes puntos del barrio durante cerca de cuatro horas. Al final, los visitantes llegan a la sede de la Corporación, donde comparten un sancocho, un guarapo y, después, un tinto acompañado de una tertulia para conversar sobre la historia y la vida del barrio.

–Nos llega mucho extranjero. Aquí hemos tenido gente del Congo, Alemania, Holanda. Algunos están haciendo sus tesis de doctorado y les interesa saber sobre soberanía alimentaria, el cambio climático, el territorio y todo este proceso de desarrollo urbanístico. La idea del recorrido es que vivan el barrio desde adentro, tal como es. No queremos mostrar algo diferente, que lo vean con sus puntos críticos, pero también cómo se ha transformado en el tiempo. Se trata de darle voz a los habitantes, que podamos contar nuestra historia –dice Rosalbina.

Estas son Mayerli y su sobrina Nasly en el ropero de la Corporación. FOTO: Julio César Herrera.
Estas son Mayerli y su sobrina Nasly en el ropero de la Corporación. FOTO: Julio César Herrera.

Hay algo en lo que ella insiste cuando habla del trabajo que han hecho en articulación con instituciones de todo tipo, corporaciones, universidades, entes del estado, incluso en la interacción con los turistas, y es que no lleguen con prejuicios, mucho menos con fórmulas, como creyendo saber de antemano lo que el barrio y sus habitantes necesitan. Ella no quiere que los vean como objetos de investigación o intervención, sino como sujetos del desarrollo. Que todo lo que se haga sea una co-construcción. Un trabajo colectivo.

Esa es quizás una de las lecciones más valiosas que se pueden llevar los extranjeros de los barrios. Esa historia de solidaridad, de cercanía, esa forma tan singular de hacer comunidad, de compartir lo que es escaso, de resistir la violencia en todas sus formas y de encontrar siempre la alegría en el compartir. No la violencia, ni las historias tergiversadas de los bandidos. La Huerta Escuela trabaja por eso, sostiene ese conocimiento y ese sentir. Es un espacio de amortiguación, de acogida.

Deivi es uno de los últimos integrantes en unirse al proceso, hace parte del grupo juvenil que se reúne los domingos cada 15 días. Llegó al barrio hace apenas cuatro meses con su mamá y su hemana menor procedente de El Aro, en Ituango. Lo que más le gusta es el fútbol, pero la vereda en la que vivía quedaba tan lejos que no podía hacer parte de ningún equipo. Apenas llegó al barrio buscó un club, y está feliz porque pronto emperazará a jugar una liga. Es delantero, pero también es campesino, sabe todo lo que hay que hacer en la huerta. A la Huerta Escuela llegó por su mamita, que hace parte de otro de los grupos que hay en la corporación.

–Ella me dijo que acá doña Cecilia y doña Rosalbina necesitaban jóvenes para trabajar en la huerta, entonces bajé la primera vez y me pareció bueno, me gustó. A mí me gusta estar activo todo el tiempo, yo soy agricultor, yo siembro frisol, maíz, yuca, plátano, café, me lo sé de memoria, para mí todo eso es fácil­– dice Deivi.

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Pero eso que sabe sirve mucho en el campo, pero poco en la ciudad. Por eso, mientras ayuda en la huerta, la Corporación le esta ayudando a estudiar, la idea es que se prepare para trabajar en el Metro.

Así como Deivi está Teresita del Niño Jesús, que hace parte del grupo de alimentación consciente, el cual se encarga de recibir las donaciones de alimentos y prepararlos en paquetes que luego entregan a familias de la comunidad. Teresita llegó a Medellín hace 36 años proveninete de Sonsón: primero vivió en Robledo con sus hijas y hace 17 años está en Santo Domingo. Su proceso con la Corporación empezó hace años, con la huerta y el restaurante para los adultos mayores, ella era una de las cocineras.

En el grupo juvenil también están Mayerli, de 24, y su sobrina Nasly, de 14. Mayerli nació en Concordia, pero a los 9 años llegó con su familia a Medellín. Vivió en varios barrios antes de llegar a Santo Domingo. Su sobrina llegó hace apenas dos meses. Ellas son la mano derecha de Cecilia, ayudan en todo. Así es cada historia. La Huerta Escuela acoge y acompaña cada una de ellas.

No hay que ser integrante de la corporación ni vivir en el barrio para ayudar a la Huerta Escuela, se puede hacer de muchas formas, entre esas, donaciones. Ahora necesitan con urgencia una nevera y un fogón, pero reciben prendas de vestir, muebles y comida para gatos –tiene siete–.

Si quiere donar, conocer, participar o hacer el tour, puede comunicarse con la Huerta Escuela Esther Vásquez a través de redes sociales. La encuentra en Instagram como @huerta­_escuela0, a través del correo huertaescuelaesther@gmail.com o en el teléfono 3008361503.

Bloque de preguntas y respuestas

¿Qué es la Huerta Escuela Esther Vásquez y qué actividades ofrece?
La Huerta Escuela Esther Vásquez es una corporación comunitaria ubicada en el barrio Santo Domingo Savio, en la Comuna 1 de Medellín. Allí se desarrollan proyectos de agricultura urbana, educación ambiental, economía circular, seguridad alimentaria y turismo comunitario. Además, ofrece recorridos para que los visitantes conozcan la historia del barrio contada por sus propios habitantes.
¿Cómo es el recorrido de turismo comunitario en Santo Domingo Savio?
El recorrido se realiza una o dos veces al mes y comienza en la estación del Metrocable. Durante cerca de cuatro horas, los visitantes recorren diferentes lugares del barrio junto a sus habitantes y terminan en la Huerta Escuela compartiendo un sancocho, un guarapo, un tinto y una conversación sobre la historia y las transformaciones de la comunidad.
¿Cómo participar o apoyar a la Huerta Escuela Esther Vásquez?
Cualquier persona puede apoyar el trabajo de la Huerta Escuela, aunque no viva en el barrio ni haga parte de la corporación. Es posible participar en sus actividades, realizar el recorrido turístico o hacer donaciones de dinero o de elementos como ropa, muebles, alimentos para animales y otros implementos que necesita la organización. El contacto se realiza a través de sus redes sociales, correo electrónico o teléfono.

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