Campañas de prevención, multas millonarias, más operativos: nada ha sido suficiente para erradicar una de las conductas más peligrosas en las vías de Medellín. El panorama que entregan las cifras de la Secretaría de Movilidad es contradictorio, mientras hay menos conductores borrachos siendo detectados en los controles, también hay más accidentes causados por conductores borrachos.
Entre enero y junio de 2025, fueron detectados 244 conductores en estado de embriaguez. En el mismo periodo de 2026, la cifra bajó a 170 — una reducción del 30% —, en parte gracias a que los operativos aumentaron un 7%: de 56 jornadas a 60. Pero los accidentes relacionados con la embriaguez al volante pasaron de 200 a 212 casos, un incremento del 3,4%.
“Aunque las pruebas positivas de embriaguez disminuyeron, no es suficiente, ya que aumentaron los incidentes viales bajo esta mala práctica”, reconoció el secretario de Movilidad, Pablo Ruiz.
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Un riesgo para la vida
Las consecuencias no son solo números. En Marinilla, un conductor en aparente estado de embriaguez perdió el control de su vehículo y arrolló a Rodrigo Giraldo y Marta Dolly Tamayo, una pareja de esposos que acababa de salir de misa en la iglesia del Sagrado Corazón y se disponía a tomar el bus para volver a casa. Los dos murieron. El acusado enfrenta hasta nueve años de prisión por homicidio culposo.
Entre 2020 y 2025, Medellín registró 2.783 siniestros con personas en estado de embriaguez o bajo el efecto de alucinógenos — un promedio de 564 accidentes por año —. Solo 235 de esos casos involucraban personas que iban a pie en ese estado; el resto manejaba un vehículo. En 2024, al menos 13 personas murieron en accidentes relacionados con la embriaguez al volante.
Las consecuencias económicas y legales
Conducir borracho no solo es un riesgo para la vida: también tiene un costo económico y legal severo. Según la normativa vigente, una persona sorprendida manejando bajo los efectos del alcohol puede recibir multas de entre 2,6 y más de 21 millones de pesos según el nivel de alcoholemia, suspensión de la licencia entre uno y diez años, e inmovilización del vehículo. En caso de reincidencia, la cancelación definitiva del permiso. Y eso antes de que haya víctimas: si el conductor provoca lesiones o muertes, el caso pasa a proceso penal con penas de prisión.
Vale aclararlo: el grado de alcoholemia más bajo que contempla la ley — entre 20 y 39 mg de etanol por cada 100 ml de sangre, equivalente a una cerveza o una copa de vino — ya implica multa de 2,6 millones y un año de suspensión de la licencia.
La Secretaría de Movilidad anunció que ampliará los controles en corredores estratégicos, establecimientos nocturnos y zonas de entretenimiento. “Continuaremos incrementando y fortaleciendo los controles en el distrito”, dijo Ruiz, con un llamado directo: si va a tomar, no maneje.
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