Quien venga a Medellín por primera vez y observe la intersección de la carrera 45 con la calle 69, de jueves a domingo en horas de la noche en Manrique, creerá que se trata de una de las ciudades más pobladas y congestionadas del mundo.
Y es que, sin exagerar, entre las bocinas de las motos, el rugir de los carros y las canciones a alto volumen que se reproducen simultáneamente en los establecimientos de esta zona, el ambiente no es menos que el de Nueva Delhi, la capital de India, donde el silencio ya ni puede escucharse.
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Si bien Manrique a lo largo de los años ha trabajado para dejar atrás el estigma de la violencia y la inseguridad —cosa que sí ha conseguido en gran medida gracias a su desarrollo económico y comercial— continúa padeciendo, como muchos barrios de Medellín, de un mal: el de la poca cultura vial, que cuando se mezcla con permisividad por parte de la autoridad puede llegar a ser fatal en múltiples ocasiones.
Richar Henao es uno de los tantos comerciantes de Manrique, quien lleva 17 años ejerciendo en esta comuna y ahora tiene su establecimiento en toda una esquina de la carrera 45 con 69.
De acuerdo con su testimonio, la transformación que ha observado tras casi dos décadas de labor es inmensa: desde los lugares que antes no había y ahora se encuentran prácticamente a cada golpe de vista, como bares y restaurantes, hasta la cantidad excesiva de vehículos que pasan por allí, una de las principales causales de incidentes y accidentes viales que se han vuelto tan habituales como alarmantes.
“Es impresionante el caos que se vive acá, más que todo en las noches. Por ejemplo el fin de semana pasado no cabía un alma, ese video viral lo grabaron desde esta terraza y la gente apenas era asombrada al ver cómo había tanto descontrol; los turistas se lo toman más como algo divertido, pero la verdad es que eso se presta para mucho accidente, cada ocho días es lo mismo, mientras que los agentes sólo vienen a hacer operativos, no a garantizar la seguridad que tanto se necesita”, detalló el comerciante.
Por su parte, una administradora de un minimercado en ese sector – quien prefirió no revelar su identidad – explicó que a causa de la situación tan crítica los más perjudicados son los peatones.
“Si viera cómo se les hace de difícil a ellos. Uno los ve amagando tratando de pasar porque en cualquier momento y de la nada sale una moto o un carro. Son pocos los que respetan los semáforos, entonces ya se imaginará de qué tamaño es el problema”, relató mientras apuntaba con su mano hacia uno de los cruces peatonales.
Según el testimonio de varios habitantes del sector, años atrás antes de la pandemia del Covid-19 solían cerrar ese punto de la 45, entre las calles 69 y 71, evitando que muchos vehículos se atravesaran garantizando así la seguridad de los peatones, como también el funcionamiento adecuado del Metroplús, algo que, a decir verdad, no volvió a ser igual.
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