A pesar de la reciente congestión que viene golpeando a los principales hospitales de Medellín, la Clínica León XIII del Hospital Alma Máter está con dos pisos vacíos, en los que funcionaban unas 200 camas, lo que ha generado alerta.
La situación fue revelada por Asmedas Antioquia, desde donde el médico Carlos Oliveros, trabajador de ese hospital y miembro de la junta directiva de la asociación, señaló no comprender por qué, mientras que la demanda de servicios viene aumentando en la ciudad, una clínica de la magnitud y el nivel de complejidad de la León XIII tuvo que reducir su capacidad.
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“Mientras en el departamento se hace frecuente que no sepamos dónde poner los pacientes que vienen de otros lugares y que se encuentran en ese momento en urgencias en toda la puerta y no tienen quien los atienda, la administración de Alma Máter no toma medidas de contingencia para evitar el desastre de dejar más de 200 camas vacías y no prestar el servicio”, aseveró Oliveros.
De acuerdo con el médico, la situación más sensible se vive en los pisos 7 y 8 del ala norte del hospital, que durante los últimos días han estado desocupados por culpa de una contingencia con un proveedor de insumos y medicamentos.
El médico añadió que una situación similar se vivía en otras partes del hospital ubicados en los pisos 4, 5 y 6, en donde también el funcionamiento se vio golpeado.
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Tras ser consultado sobre el tema, el hospital explicó en un breve comunicado escrito que el cierre de sus cerca de 200 camas se produjo luego de que un proveedor de medicamentos e implementación médica terminara un contrato que tenía con la institución, obligando al cierre temporal de cientos de camas mientras se estabiliza la situación.
Aunque la institución no entró en mayores detalles sobre el contexto en el que se habría dado esa culminación del contrato, sostuvo que la situación sería transitoria y señaló que se espera normalizar la atención lo más pronto posible.
“El Hospital Alma Máter está actualmente en un proceso de transición de proveedor de insumos y medicamentos, debido a la decisión unilateral del proveedor anterior de cesar sus operaciones. Este cambio ha generado ajustes temporales en algunos servicios. Como parte de nuestro plan de contingencia, estos espacios están siendo preparados para su reactivación conforme avancemos en el proceso de reabastecimiento”, expresó la institución.
Ante los cuestionamientos hechos desde Asmedas por la falta de un plan que le permitiera a la institución anticiparse a la crisis para no tener que habilitar sus servicios, el hospital controvirtió esa afirmación y señaló haber desplegado una estrategia para habilitar un servicio farmacéutico propio.
“El Hospital Alma Máter ha activado un plan de contingencia estructurado para implementar un servicio farmacéutico propio, con el fin de mitigar el impacto del desabastecimiento generado por la salida del proveedor anterior. Actualmente, hemos logrado un importante nivel de abastecimiento que nos permite garantizar la operación de las camas ocupadas.
A medida que se avance en este proceso de abastecimiento, el hospital irá ampliando su capacidad operativa bajo estricto control clínico, incluyendo la ocupación gradual de camas actualmente no ocupadas”, sostuvo la institución.
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“Agradecemos profundamente la confianza de nuestros aliados, EPS y proveedores, quienes han sido un apoyo invaluable durante esta transición. De manera especial, reconocemos el compromiso y la dedicación del talento humano en salud del hospital, quienes han sido fundamentales en este proceso”, agregó la entidad en su comunicado.
La contingencia en el Hospital Alma Máter aparece en medio de un creciente panorama de incertidumbre que ha embargado los principales hospitales y clínicas de Antioquia, que enfrentan un incremento en la demanda de servicios y embates financieros por cuenta de la zozobra que cobija a cerca del 85% de los pacientes del sistema de salud en el departamento, que tienen su EPS intervenida o adportas de salir del sistema.
La situación más sensible se viene viviendo sobre todo en las salas de urgencias, que obligó en julio pasado a la Secretaría de Salud de Medellín a lanzar un plan de choque para aliviar la congestión en los principales hospitales.
De acuerdo a los datos entregados por esa entidad durante aquel mes, la ocupación promedio de todas las salas de la ciudad había alcanzado valores de hasta el 125%.
Según líderes del gremio hospitalario y las autoridades de salud locales, esta sobreocupación era el resultando de una conjunción de males que vienen agravándose desde el año pasado, entre los que se encuentran líos administrativos en las EPS intervenidas (principalmente Nueva EPS y Savia Salud, que agrupan al 40% de la población afiliada).
En la ecuación también se destacaba un incremento inusitado en la demanda de servicios, principalmente motivado por la incertidumbre que ha despertado en los afiliados el proyecto de reforma a la salud.
En el diagnóstico entonces presentado por la Secretaría de Salud señalaron que los niveles de atención básicos eran los más congestionados, por lo que implementaron un plan encaminado a agilizar la asignación de citas prioritarias en la red de consulta externa e incrementar los esfuerzos pedagógicos para que la ciudadanía utilice adecuadamente el servicio de urgencias.
Junto a esa presión, la red pública también ha experimentado problemas financieros, como es el caso de varios hospitales departamentales que en agosto pasado suspendieron la prestación de sus servicios a la Nueva EPS por falta de pago.
En cuanto a los insumos y medicamentos, otra entidad que volvió a tener problemas en su abastecimiento a finales de septiembre pasado fue Metrosalud, que en unidades hospitalarias como Castilla, San Cristóbal, Nuevo Occidente, Belén, Santa Cruz y Manrique tuvo escasez.
El gerente de esa entidad, Juan David Arteaga Flórez, explicó entonces que esa situación se debía no solo a los problemas financieros que continúa afrontando dicha E.S.E.– aún con un saldo de $100.000 millones de cuentas pendientes heredado del gobierno anterior– sino también al desabastecimiento de varios fármacos a nivel nacional, principalmente antibióticos y anestésicos. Arteaga señaló que para los primeros días de octubre se esperaba un desembolso de $5.000 millones provenientes del Distrito para estabilizar la situación.