“A la orden”, “En qué le podemos colaborar” o “¿Qué se le ofrece?” son algunas de las frases que escuchamos a diario cuando vamos a comprar un producto o a contratar algún servicio, es ese, en la mayoría de los casos, el contacto inicial entre cliente y vendedor antes de cualquier otra acción. Sin embargo, en el caso de Kelly García Quintero, lo primero que ella enseña cuando las personas llegan a su punto de choripanes en el centro comercial Unión Plaza, en el centro de Medellín, es un letrero que dice lo siguiente: “Hola, soy sorda. Hoy tendré el gusto de atenderte, ¡Gracias por tu paciencia!”.
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Para muchos puede ser chocante, inusual y hasta molesto, por lo que deciden irse de inmediato sin ni siquiera darse la oportunidad de conocer el producto. Otros, por el contrario, optan por quedarse, tomarse el tiempo de mirar la carta y las diferentes alternativas, no sólo dándose el chance de probar algo rico sino también ayudándole a Kelly a sostenerse con su emprendimiento.
“Choripues”, así se llama la red de emprendedores que surgió hace aproximadamente cinco años por iniciativa de Hernán Céspedes, un ibaguereño de 42 años que trabaja en Asados Doña Rosa y decidió crear su marca propia, que, más para adquirir un beneficio particular, lo hizo con el objetivo de ayudar a las personas sordas, a quienes por su condición se les dificulta en gran medida conseguir un empleo formal y estable.
Todo empezó porque su hermana, Lina María Céspedes, también es sorda, y desde hace muchos años entendió lo estrecho que puede ser el mundo para ellos. Esa fue su inspiración, su motivación para comenzar un proyecto que hoy es una realidad.
“Como todos los proyectos al principio, se veía imposible, porque nos decían que una persona sorda no podía atender al público y vender un producto por el tema de la comunicación. Ahí comienza la fase investigativa que duró aproximadamente tres años; en ese tiempo determinamos cuál era el producto que íbamos a vender, dónde íbamos a ubicar los puntos de venta y bueno, quisimos empezar en Medellín porque sabemos que es una muy buena plataforma para expandirlo después a todo el país”, señaló Hernán.
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Claro está que uno de los más grandes desafíos después de iniciar con Choripues era ver cómo funcionaba el modelo de venta que habían diseñado: “Manos que Hablan”, así lo bautizaron, el cual, siendo tan simple como retador, les empezó a dar resultados. Este consiste en que cada cliente que llega al punto de venta le señala en la carta cuál es el producto que desea consumir; una vez el vendedor lo identifique, procede a prepararlo. Cuando está listo lo entrega, recibe el dinero en efectivo o por medio de transferencia, y, al final, enseña una paleta al comprador que dice “Gracias por tu compra”.
“A ellos no hay que tenerles pesar ni lástima, son personas muy berracas, inteligentes, trabajadoras y disciplinadas; tienen todas las condiciones maravillosas que debe tener un ser humano para emprender, por ende cada cliente cliente que venga y los apoye con sus ventas es su mayor motivación”, agregó Céspedes.
Los sordos y su don de servicio
A Kelly se le encharcan los ojos cuando se le pregunta por Choripues. Para ella, significa un giro de 180 grados en su vida y en la de sus hijos: Manuela de 7 años de edad, y Nicolás de 10. Lleva en el punto de venta de Unión Plaza cerca de un año, y, si bien no puede emitir una sola palabra, su bondad, amabilidad y diligencia hablan por ella.
“Yo antes de empezar aquí no tenía cómo generar ingresos, y conseguir empleo era muy difícil por no decir imposible. Ahora agradezco de corazón poder estar en un trabajo fijo y ganar dinero para mí y mi familia. Esto me ayuda muchísimo”, dijo Hernán tras hablar con ella en lengua de señas y traducir su respuesta.
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Como todos en un primer momento, Kelly sintió pena; creyó que no sería capaz de atender a las personas que llegaran allí a preguntar por sus productos; sin embargo, poco a poco se fue armando de valor y con la práctica obtuvo más soltura. Ahora los recibe a todos con una sonrisa, y atenta toma el pedido de cada cliente que desea probar los choripanes.
Stéfany Rodríguez es una de las personas sordas que en unos días empezará a trabajar en Choripues, y según ella, cuando veía a quienes ya estaban laborando en esta red de emprendimientos, le generaba mucha curiosidad el hecho de entender cómo hacían para atender a los visitantes.
“Yo empecé a ver varios puntos de venta y me di cuenta de que entre el cliente y el vendedor no había una comunicación oral, sólo que señalaban la carta y ya empezaban a preparar el producto. Ahora que estoy en capacitación entiendo la manera en que funciona todo y me parece muy bien que a nosotros nos den este tipo de oportunidades”, tradujo Céspedes.
Los clientes: la razón de ser
Durante la tarde es cuando más personas se acercan a Choripues. Si bien febrero es un mes que, producto de los gastos de fin de año y la cantidad de cosas por pagar en enero, no representa mucho en ventas para los emprendedores, no faltan “los antojados” quienes a la par de comerse algo rico, ayudan a que las utilidades no se conviertan en pérdidas.
“Me parece un modelo de negocio muy innovador. Es muy poco común encontrarse con un local que sea atendido por una persona sorda, en mi caso es primera vez que me sucede algo así pero lo considero un proyecto inclusivo. Espero que les vaya muy bien”, dijo un joven después de comprar su choripán.
El propósito más grande de las personas sordas que trabajan con Choripues es avanzar, hacerse a sus cosas con ayuda de su trabajo, como cualquier otro también lo hace, y que los sueños que han tenido en pausa por muchos años, puedan por fin cumplirse de la mano de quienes sin necesidad de hablar, obren de todo corazón.