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El sitio histórico sobrevivió a la guerra, pero perdió mucho de lo que tenía.
De ser uno de los bastiones de la historia de la humanidad, testimonio de tiempos de comerciantes, guerras y esclavos, Palmira, en Siria, pasó a ser también símbolo de lo que está en juego en una sangrienta guerra que perdura tras cinco años. El mundo que se maravilló ante ella durante siglos, se impactó desde mayo de 2015, porque la ciudad milenaria era tomada por el Estado Islámico.
Ante un grupo que pretende destruir toda historia que no sea la que permite su visión del Corán, los peores temores surgieron. ¿Devastaría el EI dicho sitio? El grupo pareció usar a Palmira como un rehén, una carta a favor en el complejo conflicto sirio. También como un macabro lugar ceremonial para realizar sus acostumbradas ejecuciones de “infieles”, como fue el caso del exdirector del yacimiento arqueológico, Khaled Asaad. Las finas piedras que se levantan entre el desierto empezaron a oler a sangre.
Eso hasta el 27 de marzo de 2016. Las tropas del régimen de Bashar al Asad retomaron la ciudad, apoyadas...