El primer aviso de lo que fue un año marcado por ataques terroristas llegó el 7 de enero de 2015. Tres hombres encapuchados (pertenecientes a Al Qaeda ) y armados con un fusil AK-47 ingresaron a las instalaciones de la revista Charlie Hebdo en París y asesinaron a 12 personas, dentro de ellas al director Stéphane Charbonnier, al economista Bernard Maris y al cronista Michel Renaud.
El presidente francés, François Hollande, visitó la instalaciones de Charlie Hebdo el martes pasado para ofrecer un homenaje a las personas que murieron en el atentado. Hollande puso una ofrenda floral y una placa conmemorativa con los nombres de las personas fallecidas. Fue una ceremonia íntima por respeto a los familiares. La conmemoración colectiva para recordar este y otros atentados se hará el domingo en la Plaza de la República. Se espera que cuatro millones de personas salgan a las calles.
En el edificio que visitó el presidente francés todavía funciona la revista. El atentado no detuvo las publicaciones irreverentes. La que publicaron ayer generó polémica por su contenido religioso. La portada muestra a Dios manchado de sangre, con un fusil colgado del hombro. El titular dice “Un año después, el asesino sigue suelto”.
La publicación, que tuvo un tiraje de un millón de ejemplares, contiene un editorial escrito por el dibujante Riss, quien fue herido el día de los atentados: “No son dos jóvenes encapuchados quienes van a tirar por el suelo el trabajo de nuestras vidas. No son ellos quienes verán morir a Charlie. Es Charlie quien los verá morir a ellos (...) Las convicciones de los ateos y de los laicos pueden desplazar muchas más montañas que la fe de los creyentes”, sentencia el editorial.
El periódico de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, calificó como “penosa” la portada de Charlie Hebdo. “El semanario francés olvida una vez más que los líderes religiosos de todas las religiones están repitiendo desde hace tiempo el rechazo a la violencia en nombre de la religión”, señala el diario.