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El incendio en el Museo Nacional de Brasil prendió una alerta mundial sobre el cuidado de estos recintos.
Solo hubo un testigo del incendio: el emperador Pedro II, el “Magnánimo”, el segundo y último de Brasil, quien vivió en esa construcción en el siglo XIX y cuya estatua sobrevivió a la tragedia.
En seis horas 200 años de historia de la humanidad se convirtieron en cenizas. Los 13.000 metros cuadrados del Museo Nacional de Brasil, junto con los 20 millones de piezas históricas y arqueológicas, custodiadas por sus muros construidos en el siglo XIX, desaparecieron entre el fuego.
Por eso, las 7:30 p.m. de este domingo, hora local, serán recordadas como un momento negro para la cultura, no solo de Brasil, sino del mundo: en ese recinto reposaban piezas que cuentan la historia de la humanidad. Estaba, por ejemplo, Luzia, una mujer con 11.500 años de antigüedad. Se cree que era el esquelo humano más viejo encontrado en América.
Hay más: el sarcófago de una sacerdotisa del templo de Amón, en Tebas. Tenía más de 2.700 años. Y ya no está. O quedó entre las cenizas que al amanecer pintaron las paredes...