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Cubanos que emigraron a EE.UU. en varias generaciones temen que la situación cambie por nuevas políticas. Una crónica que cruza recuerdos por Mariel, Turbo y Matamoros.
El gentío se agolpaba en el Puerto de Mariel, en la costa occidental cubana, aprovechando la proclama del comandante Fidel Castro: “¡el que se quiera ir, que se vaya!”.
En aquel éxodo de cerca de 120.000 personas, estaba la adolescente María del Carmen Mesa con su familia, rogando por un cupo en un barco que los llevara a Estados Unidos, lejos de la dictadura. Los que se quedaban, los miraban con resentimiento y les gritaban “¡lumpen!”, “¡ladrones!”, “¡traidores!”.
Los lugares escaseaban, pero en medio del alboroto su padre, Cosme Reinel Mesa, divisó en el muelle a un viejo compañero de trabajo, un comunista que se apiadó de su situación. “Dame el nombre de tu núcleo familiar, chico, yo te apunto en la lista. Vas a venir todos los días con esa misma ropa, y te paras ahí en la malla. Cuando haya espacio, yo te hago una señal levantando las manos, y tienes 30 minutos para filarte con tu familia”, le dijo.
Durante varias semanas, la familia desayunaba y se paraba todo el día en la entrada del...