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Crisis en Cuba: cortes de luz y agua de hasta 24 horas; el hambre la curan remesas del extranjero

Los cubanos están viviendo cortes de energía y agua que van de 12 a 24 horas; la mayoría vive de los mercados que les compran familiares que viven en el extranjero por plataformas web administradas por el régimen.

  • Un hombre duerme en el Malecón de La Habana. Los niveles de pobreza han aumentado drásticamente mientras Cuba enfrenta su peor crisis económica en tres décadas, caracterizada por una grave escasez de alimentos, medicinas y combustible, además de apagones diarios. Foto: AFP
    Un hombre duerme en el Malecón de La Habana. Los niveles de pobreza han aumentado drásticamente mientras Cuba enfrenta su peor crisis económica en tres décadas, caracterizada por una grave escasez de alimentos, medicinas y combustible, además de apagones diarios. Foto: AFP
Daniel Rivera Marín

Editor General

hace 2 horas
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Hace diez años conocí en La Habana a Carolina, una mujer de unos 25 años que vivía con su padre —un hombre con todas las historias: leía para todos los obreros a los clásicos latinoamericanos en las fábricas de tabacos Cohiba; pagó cárcel por matar a una vaca— y su madre —enfermera, quien para hablar de Fidel Castro omitía el nombre y hacía la mímica de una gran barba—. Carolina había conocido al fotógrafo antioqueño Pablo Andrés Monsalve tiempo atrás y nos había encontrado aquella vez, conversábamos en la gran muralla que mira al mar desde el centro de la capital cubana; nos contó que sus hermanos mayores vivían en Estados Unidos, se habían fugado de alguna manera y ella estaba esperando su oportunidad.

Una tarde en la casa familiar, los padres nos ofrecieron un plato de frijoles con arroz y chicharrón, habían conseguido la carne de cerdo por unas pocas monedas que él había ganado haciendo un trabajo eléctrico en un “paladar”, esos restaurantes clandestinos que los isleños se inventaron para aprovechar el dinero de los turistas. Nos contaron cómo funcionaban las tiqueteras con las que reclamaban aceite, arroz, azúcar, café y pollo, que el sistema funcionaba siempre por lo bajo: por poquitos, muchas veces no encontraban con lo que la tabla decía que les debían entregar.

Hoy, diez años después, Carolina vive en Estados Unidos, logró llegar al país del sueño cubano por medio de México. Sus padres, hoy con más de 70 años, viven solos en La Habana, los mantiene a flote el dinero y la comida que ella les hace llegar; sin embargo, no puede controlar los cortes de luz, los cortes de agua, las grietas de la infraestructura cubana que les hace pasar mal los días a los ciudadanos.

Dice Carolina desde Miami, adonde llegó con su novio hace cuatro años: “La verdad es que en Cuba el pueblo de a pie la está pasando mal. Imagínate, si lo imprescindible falta, como será con lo que se pueden considerar lujos. No hay manera de vivir así; han tenido cortes de luz por 24 horas y más. También han pasado varios días sin agua. Es un drama, porque la gente no tiene comida, y logran comprar un poquito de comida y se te echa a perder por los cortes de luz”.

Carolina les envía a sus padres un combo de comida cada quince días con todo lo necesario: carne, granos, cereales, verduras; ellos viven con lo que ella puede mandarles, pues lo que aporta el gobierno no alcanza para nada. Le pregunto cómo funciona esa especie de “Rappi” que les entrega comida a sus padres en la isla.

“Es una agencia que es del Gobierno cubano, pero que está a nombre de otros, pero es del Gobierno. Conozco dos: Supermarket23 o Cuballama. Son agencias que radican tanto acá (Estados Unidos), como en España. Entonces entras y ves las opciones que tienen de mercado y según tu adquisición de dinero, haces la compra, la cual se le entrega a tu familiar en máximo cuatro días. Sé que el dinero se va para el Gobierno, y eso duele, pero más duele saber que tu familia está pasando necesidad”.

Al buscar Supermarket en Google aparece de inmediato el texto predictivo “combos de alimentos para Cuba”. La página web oficial te pide registrar la ciudad y el barrio para donde necesitas enviar la comida y luego aparece este mensaje: “Los combos de alimentos son la manera más rápida y económica de hacer sus envíos desde SuperMarket23. En nuestro sitio podrá hacer compras online de combinaciones de alimentos, carnes congeladas, embutidos y otros. Cada uno de los combos se confeccionan pensando en la comodidad de nuestros clientes, al tratar de ofrecerle una combinación balanceada de los productos que normalmente compran en una misma orden. Le sugerimos consulte los combos de cada categoría y saldrá complacido”. Es puro capitalismo subrepticio.

Dice Carolina: “Creo que ahora se vive peor que en los tiempos de aborígenes de Cuba. Imagínate que, a partir de hoy, en Cuba, no hay gasolina para el pueblo. Ni transporte público. Y mientras tanto, los dirigentes viven bien y el pueblo es el que pasa la necesidad diaria”.

La crisis del combustible

El periódico El País publicaba la semana pasada en su página web la historia de Andy, un taxista que hace una fila de entre 12 y 15 horas para comprar 10,5 galones de gasolina —lo máximo que cualquiera puede comprar según la nueva orden del régimen—. Hay que recordar que la isla tiene un déficit de 60 mil barriles de petróleo diarios después de que Estados Unidos interviniera la industria del crudo en Venezuela.

Sobre este tema, Jorge Piñón, investigador principal del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, le dijo a Telemundo: “El último pequeño tanquero que llegó de México solamente traía 85 barriles y ese llegó a La Habana el 9 de enero. Tres amigos de Cuba: Angola, Argelia, y Brasil no han venido al rescate de esta situación. Y también parece que va a perder el apoyo de Rusia. De vez en cuando Rusia le enviaba un tanquero de petróleo a Cuba”. Esto se traducirá en una crisis todavía más grave, según Piñón, pues “No tienen combustibles líquidos, como gasolina; no van a tener turbocombustibles para los aviones, ni gas LP para cocinar, o diésel para el transporte”.

El chorro de combustible se cerró desde diciembre, según el mismo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, quien el jueves pasado dijo que estaba abierto a un diálogo con Estados Unidos, pero que este no tuviera “presiones” de por medio y que se respetara la soberanía sobre la isla. Sin embargo, muchos analistas consideran que Donald Trump lo que quiere es llevar la presión hasta el límite para darle una vuelta a la historia que impusieron los Castro hace más de 60 años.

No hay que ir a los analistas para ver esa intención, pues después de las palabras de Díaz-Canel, desde la Casa Blanca respondieron: “el Gobierno cubano está en las últimas y (...) a punto de colapsar”, por lo que “deberían ser prudentes en sus declaraciones dirigidas al presidente de los Estados Unidos... El presidente (Donald Trump) siempre está dispuesto a entablar conversaciones diplomáticas y creo que eso es lo que está ocurriendo con el Gobierno cubano”.

Estados Unidos no oculta que con sus políticas busca un cambio de régimen en Cuba, gobernada por el Partido Comunista (PCC, único) y sumida en una grave crisis económica, con una inflación galopante, escasez de combustible, alimentos y medicinas, y recurrentes apagones. Desde hace varios meses Trump ha instado a La Habana a “alcanzar un acuerdo” o enfrentar las consecuencias, e insiste desde mediados de enero en que ya sostiene conversaciones con altos dirigentes cubanos y que culminarán en un acuerdo. Se trata de una estrategia muy parecida a la implementada en Venezuela: se estableció un cerco económico y militar, se advirtió de conversaciones políticas paralelas, lo que finalmente terminó en la captura de Nicolás Maduro.

Todo cobra más sentido y paralelismo con Venezuela al ver los argumentos de Trump, quien recuerda que Cuba está ubicada a solo 150 km de Estados Unidos, representa una “amenaza excepcional” para su país, principalmente por sus estrechas relaciones con Rusia, China e Irán, aliados de La Habana.

En medio de las tensiones, el Departamento de Estado anunció el jueves que envió ayuda humanitaria adicional por valor de seis millones de dólares a través de la iglesia católica cubana, con la que Washington coopera. Un primer envío de ayuda, valorado en tres millones de dólares, llegó en enero destinado a los damnificados del huracán Melissa, que azotó el este de la isla en octubre. La Habana califica la ayuda de “manipulación política”.

Lo cierto es que los movimientos de Estados Unidos parecen dar resultado, pues en su rueda de prensa del jueves —que muy pocos pudieron seguir en televisión por la falta de luz en la isla—, Díaz-Canel admitió que las presiones de Estados Unidos han provocado “un desabastecimiento agudo de combustible... No soy idealista, yo sé que vamos a vivir tiempos difíciles”, aunque advirtió que “Cuba no está sola”.

Pobreza extrema

Hace unas semanas, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, decía que era mejor vivir en Cuba en medio de la cultura que en Miami, sin embargo, esa isla romantizada no existe más. Informes del Observatorio Cubano de Derechos Humanos indican que el 89% de la población cubana vive hoy en condiciones de pobreza extrema. Esta cifra revela que casi nueve de cada diez cubanos no pueden cubrir sus necesidades básicas de alimentación y salud con sus ingresos reales.

La “canasta básica”, que hace diez años ya era insuficiente para los padres de Carolina, se ha convertido hoy en una entelequia. La mayoría de los productos que el Gobierno debería entregar por la libreta simplemente no llegan.

La ayuda externa se ha vuelto una ficha política. Recientemente, el gobierno de México confirmó el envío de asistencia humanitaria a la isla, consistente en combustibles y alimentos, para paliar efectos de los apagones. Sin embargo, para la población civil, estas ayudas son “curitas” para una herida abierta.

La paradoja es cruel: el mismo Gobierno que denuncia la “asfixia económica” externa es el que gestiona portales como Supermarket23, capturando los dólares que los exiliados envían. Es un círculo vicioso donde la separación se convierte en la principal fuente de divisas para el Estado. No parece que el panorama vaya a despejarse. En el oriente de la isla, lo habitual en las últimas semanas ha sido disponer de apenas tres horas de electricidad al día.

Esta precariedad ha generado una nueva arquitectura de la supervivencia. En los barrios, la gente ya no pregunta “cómo estás”, sino “¿qué llegó?”. La llegada de un camión con pan se celebra como una victoria. Mientras tanto, en los enclaves turísticos, los generadores industriales mantienen las luces de neón encendidas, dibujando una frontera invisible entre el extranjero que paga y el nacional que espera.

La juventud se va

Carolina no es la única que ha decidido irse de Cuba, mientras atrás quedan los viejos, los que alguna vez creyeron en el mito de la revolución, toda una generación ha abandonado la isla cansada del encierro y la represión; vieron el mundo a través de películas, series y canciones que circulaban en discos duros que se vendían en el marcado negro, se enteraron de qué era lo que había afuera en el mundo y salieron a conocerlo.

Según un informe que se conoció a fin del año pasado, Cuba cerró 2025 con 25,7% de su población por encima de 60 años, es así el país más envejecido de América Latina. Diario de Cuba, un medio que se hace desde el exilio publicó en 2025: “Cuba perdió en cuatro años más de 1,4 millones de habitantes, y solo entre 2023 y 2024 el derrumbe fue superior a 300.000 personas. Esto, mientras el año último el país reportó la tasa de natalidad más baja de todo el periodo del castrismo”.

Dice Carolina: “Todos los jóvenes se van y los que quedan no quieren estar allá, no han podido salir y tampoco quieren hacer familia. Cuba era una isla rica en muchas cosas, pero después del triunfo de su llamada revolución nunca fue la misma. Cuando un pueblo emigra, es porque el gobierno no sirve. Y no solo hablo de que no haya comida ni recursos, ya tampoco queda la salud, que era un orgullo. Un país que en muchos años graduaba a miles de médicos, de maestros, profesionales, y ahora no tiene nada para su pueblo. Somos el país más pobre entre los pobres”.

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