Mientras Catalina Cruz cuenta su historia de migrante colombiana en Nueva York se le nota su ascendencia paisa. 26 años en Estados Unidos no arrebataron de su voz el acento que aprendió cuando era niña caminando entre las calles del barrio Guayabal, en la casa de su mamá, y en el municipio de Itagüí, en la casa de su papá. De él, un hombre que fue sindicalista de Sofasa y que siempre quiso ser político o abogado, heredó las ganas de trabajar por el pueblo. Y de ella, una enfermera del Pablo Tobón Uribe que migró en medio de la época más cruda de la guerra contra el narcotráfico en busca de ese sueño americano, la verraquera de enfrentarse a todo con tal de salir adelante.
Cruz tenía nueve años cuando su familia partió rumbo a Estados Unidos. Fue un 7 de noviembre de 1992 cuando dejó atrás su época de estudiante del Colegio Santo Ángel y el Instituto Ferrini para hacer su vida en Queens, distrito de Nueva York. En sus maletas solo iban sueños porque viajaba sin papeles, entender inglés o...