Con una pistola en el cinto, chaleco antibalas y un radio de comunicaciones, el presidente Abelardo De La Espriella salió este jueves en la madrugada a recorrer el centro de Cali junto a la Fuerza Pública, horas después de haber hecho lo mismo en Santa Marta, en medio de la ofensiva de seguridad desplegada por su Gobierno.
La imagen del mandatario armado, caminando junto a policías y militares, abrió una pregunta: ¿debe portar un arma de fuego el presidente de Colombia?
La escena se produjo en dos de los principales frentes de seguridad del Gobierno. En Santa Marta, De La Espriella ordenó la militarización de la ciudad después de la muerte de alias Cholo, señalado como segundo cabecilla de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), y recorrió sectores afectados por el accionar violento de ‘Los Pachencas’, como también se hacen llamar las ACSN.
Lea también: Los Pachenca: quiénes son y cómo opera el grupo paramilitar que ahora está en la mira del Gobierno
La ciudad comenzó este jueves a recuperar gradualmente su actividad comercial y movilidad, mientras la Fuerza Pública mantiene presencia en puntos considerados estratégicos. Las ACSN anunciaron, además, que levantarían el paro armado a las 7:00 de la mañana este viernes.
Fue precisamente durante esos recorridos cuando apareció una imagen poco habitual: el presidente con una pistola visible en la cintura mientras caminaba acompañado por soldados, policías y su esquema de seguridad.
Este jueves la fotografía tuvo una segunda versión en Cali. A las 3:00 de la madrugada comenzó la ‘Operación Iron’, un despliegue que intervino seis comunas, 15 barrios y 24 microterritorios del centro y oriente de la ciudad.
Según el balance preliminar, se avanza en la materialización de 83 órdenes de captura y 101 diligencias de registro y allanamiento, con la participación de más de 1.200 policías y militares. De La Espriella acompañó personalmente el procedimiento y volvió a aparecer con el arma de fuego al cinto.
El presidente aseguró que la operación buscaba “recuperar el centro cuadra por cuadra” y destacó la actuación conjunta de la Fiscalía, la Policía y el Ejército. El alcalde Alejandro Eder también acompañó el despliegue en sectores como El Calvario, San Pascual y Sucre.
Lea también: Abatieron a alias Cholo, segundo cabecilla de Autodefensas Conquistadoras, la misma estructura de “Bendito Menor”
Versiones encontradas sobre el tema
Pero la pistola terminó convirtiéndose en una noticia paralela a las capturas, los allanamientos y las incautaciones. La primera pregunta es jurídica: ¿puede un presidente portar un arma?
Para Hugo Acero, analista de seguridad, “seguramente el arma que exhibió el presidente tiene permiso de porte y la puede llevar consigo, pero no la puede exhibir. En Colombia el permiso de porte autorizado por las autoridades militares exige que el arma se lleve de forma encubierta, discreta y sin intimidar a la ciudadanía y el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana (Ley 1801 de 2016) sanciona este comportamiento con la incautación del arma”.
Lea también: Con chaleco, su propia pistola, rodeado de escoltas y corriendo: así fue el atípico patrullaje de De la Espriella por Santa Marta
Por otro lado, en sus palabras, “la imagen del presidente portando esa arma en cinto da paso para que otros ciudadanos hagan lo mismo”, en lo que él llama “el ejemplo cunde”.
“Un mal ejemplo que promueve el porte, exhibición y posible uso de armas en los espacios públicos, lo que puede generar más hechos de violencia. Que un ciudadano exhiba su arma en público lo expone a que los delincuentes, con mayor capacidad de fuego y sorpresa, se la quiten de manera violenta, como ha sucedido con algunos vigilantes”, dijo Acero en contacto con este diario.
Una visión distinta tiene Carlos Javier Soler, coronel en retiro, abogado, consultor y asesor en asuntos de defensa y seguridad nacional.
Para él, la imagen del presidente armado tiene un componente explícito de comunicación no verbal. “El mensaje de comunicación no verbal lo que envía es un tema de fortaleza y de cero miedo”, señaló Soler en diálogo con EL COLOMBIANO.
En su interpretación, mostrar el arma no debe leerse solamente como una decisión personal de autoprotección, sino como una señal dirigida a las estructuras criminales que el Gobierno enfrenta. “El mensaje que el presidente está mandando es muy sencillo: no les tengo miedo, me sé defender”, sostiene.
Lea también: Jefe criminal de Barranquilla pide pista para entrar a las mesas de “paz total”
Soler vincula esa imagen con los videos que han circulado del mandatario realizando prácticas de tiro y con el discurso de seguridad que, según él, De La Espriella construyó desde la campaña.
En esa lectura, la pistola al cinto buscaría mostrar a un presidente que no solamente confía en su esquema de protección, sino que también está preparado para defenderse.
“Él puede tener un esquema robusto, pero en su momento uno tiene que blindar su propia autoprotección, y está siendo coherente con lo que prometió. Él dijo: ‘Yo voy a quitar esa restricción que hicieron por decreto y voy a permitir que el que tenga un arma legal —ojo, aquí estamos hablando de armas legales— la pueda portar’. Y si él tiene un arma legal, pues la puede portar. Él es el presidente”, afirma Soler.
Le puede interesar: JEP decidirá si llama a versión a exsenadora Sandra Ramírez por reclutamiento de menores en las Farc
El coronel en retiro lleva su argumento a una discusión más amplia sobre el papel del Estado. A partir de la idea del “contrato social”, sostiene que una de las obligaciones fundamentales de las instituciones es garantizar seguridad a los ciudadanos a cambio de las cargas y derechos que estos entregan al Estado. “El Estado es fuerte porque se crea sobre el contrato social”, explica.
Soler sostiene además que la discusión debería comenzar por una pregunta básica: si el arma es legal y si el mandatario tiene autorización para portarla. “Al final del día, lo único que hay que preguntar: ¿el arma es legal? Sí. ¿La puede portar? Sí”, asegura.
Desde esa perspectiva, la discusión no se centra exclusivamente en el derecho individual al porte, sino en lo que significa que quien lo ejerce sea precisamente el presidente De la Espriella.
”Es importante respetar los símbolos”
Andrés Preciado, líder de la iniciativa de Seguridad y Justicia Valor Público de EAFIT, en conversación con este diario, lleva el debate hacia otro terreno: el papel institucional del presidente.
No se pierda: Autodefensas de la Sierra asfixian a tres departamentos con rentas criminales de $7.000 millones mensuales, ¿qué hace el Gobierno?
En su opinión, la seguridad colombiana tiene una dimensión simbólica que no puede desligarse de la relación entre los civiles que dirigen el Estado y los miembros de la Fuerza Pública encargados de las operaciones.
“En política de seguridad en Colombia es muy importante respetar los símbolos, tanto como la posición conceptual que adoptan los gobiernos”, señaló en diálogo con EL COLOMBIANO.
Preciado, recuerda que el presidente es el comandante supremo de las Fuerzas Militares y de la Policía, pero en sus palabras esa condición no significa necesariamente que deba asumir la función operativa de un uniformado.
“El presidente es el líder civil, pero también el comandante supremo de las fuerzas militares y de policía”, explica.
Su cuestionamiento está relacionado con la frontera entre ambas funciones. “Confundir las situaciones en donde un civil no debería estar armado nunca, ni siquiera cuando es presidente, por la estructura del Estado, por el respeto a la autoridad, pero, sobre todo, por respeto a las personas que efectivamente portan el uniforme de la patria, pues este no es el mensaje correcto”, sostiene.
Preciado reconoce que las imágenes del mandatario en terreno transmiten presencia y autoridad. Sin embargo, cree que la autoridad presidencial debería expresarse principalmente en la capacidad del Estado para actuar, y no necesariamente a través de un arma visible.
No se pierda: “El que no se someta va a terminar en una bolsa”: advertencia de De la Espriella a las autodefensas tras anuncio de paro armado en el Magdalena
“Es muy importante la imagen de presencia y de autoridad que ha dado el presidente”, dice, pero agrega que esa autoridad debe traducirse en una respuesta estatal efectiva.
Su otro argumento es operativo: en una situación de riesgo, la seguridad del presidente no depende de que él mismo tenga una pistola, sino del dispositivo de protección que lo rodea y de la capacidad de reacción de los uniformados. “Eso debería estar reservado a uniformados”, señala.
¿Una puesta en escena del presidente?
Erich Saumeth Cadavid, analista, consultor e investigador en defensa, seguridad, convivencia y orden público, introduce una tercera posibilidad a lo ya dicho por los expertos: que la imagen haya sido deliberada.
Su primera pregunta al ver las fotografías y videos fue si la aparición del arma obedeció a un descuido de quienes editaron y publicaron las imágenes o si se trató de una decisión consciente de comunicación presidencial.
“Puede ser una de dos cosas: un descuido al momento de editar el video (...) o lo otro, que sea una puesta en escena”, señaló a EL COLOMBIANO.
De interés: Este es Digno Palomino, el temido criminal que pasó de ‘Los Costeños’ a ‘Los Pepes’ y ahora pide someterse a la justicia
Saumeth, quien tiene un portal sobre temas de seguridad llamado InfoDefensa, aclara que utiliza “puesta en escena” como una expresión descriptiva y no necesariamente peyorativa.
En su lectura, podría tratarse de una manera de mostrar a un presidente que está físicamente en el terreno y que adopta elementos visuales propios de los dispositivos tácticos de seguridad. Pero advierte otra consecuencia: las imágenes también pueden revelar información útil para quien analice el esquema de protección presidencial mediante fuentes abiertas.
En el video se observan elementos como la ropa, los radios y la distribución de los hombres que acompañan al mandatario. La discusión, además, tiene una dimensión personal.
Saumeth revela que De La Espriella es coleccionista de armas y que ha adquirido armas de fuego de manera legal en Colombia.
Esa afirmación hace parte del conocimiento que, según el propio analista, tiene sobre la “afición del mandatario”, aunque no se trata de información que Presidencia haya detallado oficialmente en las publicaciones de los operativos.
El experto en seguridad considera que también debe tenerse presente que el porte de armas volvió a estar habilitado para quienes tienen permisos individuales vigentes después del Decreto 1368 firmado por el presidente De la Espriella hace tan solo unos días.
“El presidente estaba pudiendo en ese momento ejercer su derecho a portar, a ejercer su derecho como portador de un arma en Colombia”, señala.
Desde ese punto de vista, sostiene que la presencia del arma durante el recorrido en Santa Marta no necesariamente resulta incompatible con la situación de riesgo que enfrentaba el mandatario.
Su argumento parte del contexto de que el recorrido se produjo en una ciudad bajo militarización, después de ataques y amenazas atribuidos a las ACSN y mientras las autoridades buscaban controlar las represalias desencadenadas por la muerte de alias Cholo.
No se pierda: La casa del contratista que sirvió de ruta de los comandos para llegar a ‘Bendito Menor’
Saumeth plantea que, en un escenario de amenaza, la presencia de un arma podría otorgarle al presidente una sensación adicional de seguridad. Sin embargo, hace una distinción importante entre portar el arma durante un desplazamiento operativo y mostrarla durante declaraciones oficiales.
“A mí me parece que ahí sí sobraba que mostrara que estaba armado”, afirma al referirse al momento en que el presidente aparece dando declaraciones acompañado por autoridades civiles y comandantes de la Fuerza Pública.
Según su lectura, si se trataba exclusivamente de seguridad personal, el arma podía permanecer en el esquema de protección sin necesidad de convertirse en un elemento visible de la comunicación presidencial. “Es muy fácil entregarle el arma a uno de los escoltas”, explica.
Una discusión que llega justo después de levantar la restricción
La controversia ocurre, además, en un momento especialmente particular. Apenas 16 días antes de la aparición del presidente con la pistola al cinto, su propio Gobierno había levantado la suspensión general del porte de armas que se venía prorrogando desde años anteriores.
El Decreto 1368 fue firmado el 8 de septiembre y dejó vigente el régimen de permisos individuales. No estableció el libre porte para cualquier ciudadano, pero sí permitió nuevamente ejercer los permisos ordinarios que estuvieran vigentes y no tuvieran restricciones. Ese contexto hace que la imagen tenga una lectura adicional.
Lea también: JEP imputa crímenes de guerra y lesa humanidad a cinco excomandantes de las Farc, ¿quiénes son?
Andrés Preciado, otro de los analistas, centra su análisis en la arquitectura institucional: el presidente dirige la política de seguridad, pero la respuesta armada corresponde operativamente a la Fuerza Pública. Y Saumeth pone el énfasis en el derecho individual y en las condiciones particulares de riesgo en las que se produjo el recorrido.
¿Otros presidentes lo han hecho? En Colombia, de momento, no hay registro de algún otro mandatario que haya portado un arma de fuego.
Lo que sí la historia cuenta, y está documentado, es que Bertha Hernández de Ospina, esposa de Mariano Ospina Pérez, quien fue presidente de Colombia entre 1946 y 1950 por el Partido Conservador, estuvo armada durante los sucesos del 9 de abril de 1948, ‘El Bogotazo’.
Su actitud decidida frente a la crisis no fue solo retórica, sino también física y militar dentro del Palacio de Nariño. Diversas crónicas de la época —incluyendo relatos recopilados por periodistas y escritores como Gabriel García Márquez— señalan que tras enterarse del caos en la ciudad, doña Bertha fue a su habitación, se cambió de ropa y se amarró un revólver de reglamento al cinto (al estilo bandolera).
Con el arma visible, se plantó en la antesala del despacho presidencial ante ministros y líderes políticos.
Los registros históricos del Banco de la República detallan que la entonces primera dama era aficionada a la práctica de tiro. Ante la inminencia de un ataque contra el palacio y la confusión de la guardia, ella misma repartió fusiles deportivos y de práctica que tenía guardados, organizando la resistencia armada de los funcionarios civiles y las personas refugiadas dentro del recinto gubernamental.
Para consultar contenido premium o profundizar sobre sus temas de interés de Medellín, Antioquia, Colombia y el Mundo, regístrese aquí.
En América Latina sí existen antecedentes de jefes de Estado que aparecieron con armas en contextos de conflicto.
Daniel Ortega, presidente de Nicaragua en los años ochenta, fue fotografiado en 1989 con uniforme de campaña y un rifle de asalto AK-47 durante una visita a una zona conflictiva. La fotografía fue distribuida por Reuters y forma parte de los registros históricos de su primera etapa en el poder.
Lea también: Digno Palomino, cabecilla de Los Pepes, busca someterse a la justicia: Presidencia remitió su propuesta a la Fiscalía
En Perú, Alberto Fujimori también protagonizó escenas similares en el contexto de la lucha contra Sendero Luminoso. El 23 de junio de 1991 fue fotografiado en Huancayo mientras entregaba armas a campesinos que serían empleados para combatir a esa organización.
Pero el contexto era distinto: en ambos casos las imágenes estuvieron ligadas directamente a escenarios de conflicto armado interno y a la relación del mandatario con operaciones de seguridad.
Preguntas y respuestas
- ¿Puede el presidente de Colombia portar un arma de fuego?
- Sí, siempre que cuente con un permiso individual de porte vigente y cumpla las condiciones establecidas por la legislación colombiana. El Decreto 1368 de 2026 levantó la suspensión general de estos permisos, pero no estableció un régimen de libre porte.
- ¿Qué decreto volvió a permitir el porte de armas en Colombia en 2026?
- El Decreto 1368 del 8 de septiembre de 2026 levantó la suspensión general que pesaba sobre los permisos de porte y restableció la eficacia de los permisos individuales vigentes que no estuvieran suspendidos, cancelados, revocados o vencidos.
- ¿Por qué Abelardo De La Espriella apareció armado en Santa Marta y Cali?
- El presidente apareció con una pistola visible en la cintura durante recorridos realizados junto a la Fuerza Pública en Santa Marta y Cali, en medio de operativos de seguridad desplegados por su Gobierno. En las fuentes consultadas para el reportaje no se divulgó públicamente el permiso específico del arma.
- ¿Qué expertos analizaron que el presidente apareciera armado?
- Hugo Acero, analista de seguridad; Andrés Preciado, líder de Seguridad y Justicia de Valor Público de EAFIT; Erich Saumeth Cadavid, analista e investigador en defensa, seguridad y orden público; y Javier Soler, coronel en retiro. Sus análisis se enfocaron en la seguridad, el papel institucional del presidente y el significado de la imagen.