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Crónica desde Facatativá, la ciudad a la que le queda agua para una semana

Facatativá, en Cundinamarca, enfrenta una de las crisis más graves de su historia por falta de planeación. Como a otras ciudades del país, el fenómeno del Niño tiene a su gente al borde del desabastecimiento total.

  • En el embalse Mancilla, hoy se puede caminar sobre lo que hace apenas unos meses era un espejo de agua. FOTO getty
    En el embalse Mancilla, hoy se puede caminar sobre lo que hace apenas unos meses era un espejo de agua. FOTO getty
Nicolás Rivera Guevara

Editor de Actualidad

hace 15 minutos
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La población de uno de los municipios “dormitorio” alrededor de Bogotá, no duerme tranquila: no puede bañarse todos los días, se le acumulan los platos sucios y no siempre puede vaciar el baño después de usarlo.

Facatativá, una ciudad de casi 180.000 habitantes, ha sufrido con el agua desde siempre. Lo que hizo el fenómeno de El Niño fue acelerar la crisis al secar uno de sus embalses y dejarla al borde del desabastecimiento total, pues le quedaría agua para una semana. O menos.

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EL COLOMBIANO estuvo allí para conocer algunas situaciones de barrios en estado crítico –sobre todo los “altos”, al borde de la ciudad– y preguntar a las autoridades por las medidas que están tomando. De entrada, a corto plazo, la respuesta no se reduce al cambio climático o al comportamiento de los ciudadanos. Eso tiene que ver, claro, pero expertos y concejales dicen que la situación se pudo haber evitado desde hace años si los mandatarios de turno hubieran dejado en marcha proyectos clave ante el crecimiento desmedido de la Sabana de Bogotá.

En el embalse Mancilla, hoy se puede caminar sobre lo que hace apenas unos meses era un espejo de agua. El límite donde el líquido debería llegar al cuello no es más que suelo árido, como si fuera un planeta deshabitado de esos que salen en películas.

Facatativá –como el clima en el mundo– se mueve entre extremos. No muy lejos de ese embalse, en marzo de este año, el país vio fotos y videos de cómo el agua subía hasta las rodillas de la gente. Debido a la ola invernal, el río Botello se desbordó por el colapso del sistema de drenaje. Mucha gente lo perdió todo.

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El panorama para esta ciudad y otras en el país es preocupante porque el Fenómeno del Niño podría ponerse peor y se extendería hasta febrero de 2027. Mientras tanto, la Alcaldía de Facatativá ya no sabe qué más hacer porque las medidas de prevención se quedaron cortas.

En algunos barrios, según habitantes con los que habló este diario, cortan el agua tres veces al día por periodos largos: “nos hacen tres cortes diarios, a las 7 de la mañana y regresa a las 11. Y de nuevo nos cortan el agua antes de la 1 y regresa hasta las 7. La vuelven a quitar antes de las 9. Y así”, cuenta Luisa Fernanda Moreno, del barrio San Rafael, que es un lugar popular.

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Otras personas cuentan que el agua que llega es muy poca, apenas un hilo de agua. Con eso resuelven el aseo personal y de la casa. Los baldes para el “agua lluvia” están secos.

Jesús Rivera, un abogado que vive en un barrio de clase media, no se salva de la escasez de agua aunque tenga un tanque subterráneo de 3.000 litros. “Se acabó el agua en una semana, pero quedaron llenos el tanque aéreo, que es de quinientos litros, y la alberca”, cuenta.

La red de acueducto de Facatativá tiene, por lo menos, 50 años de antigüedad y es uno de los mayores problemas. “No hay un plan maestro serio, que yo conozca”, agrega.

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La misma fuente advierte que, más allá de los pozos, tampoco existe hoy ningún plan para embalsar el agua superficial que podría aprovecharse con las lluvias. “Ni el agua superficial que puede llegar, o que se puede embalsar con la lluvia, hoy tampoco se tiene ningún tipo de plan, salvo los pozos, que son, de alguna manera, inversiones de corto plazo”, señala. Su preocupación es que, mientras tanto, es que los mandatarios de turno solo están “agotando el agua subterránea”.

“Tampoco se articula una política estatal o regional del cuidado del agua y del consumo más inteligente del agua”, afirma (...) No hay una noción de política pública del tratamiento de agua, concluye.

Agua para una semana y alerta naranja

El alcalde Luis Carlos Casas declaró la alerta naranja por el desabastecimiento. Según han dicho funcionarios de esa administración en medios, el Acueducto de Bogotá les vendería agua en carrotanques, a un costo cercano a los 4.000 pesos por m³.

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EL COLOMBIANO habló con el concejal Pedro Nel Villamil, que ha liderado gestiones en los barrios y con la Alcaldía. Según Villamil, la decisión de invertir en prevención se remonta al Plan de Desarrollo aprobado por el Concejo municipal en 2024. En ese momento quedaron incluidas metas como reemplazar dos pozos profundos, construir una planta de tratamiento, instalar tres nuevos tanques, automatizar los pozos —que hasta entonces no lo estaban—, renovar micromedidores, construir aproximadamente 1.400 metros de aducción y sectorizar el municipio para momentos de crisis como ahora.

El concejal fue enfático en que “esto no fue producto del tema del fenómeno de El Niño”.

Así como otras ciudades, desde hace 15 años atrás no se habían hecho renovaciones de pozos ni proyectos de alto impacto en materia de agua. Solo hacia finales de 2025 empezaron las alertas del fenómeno de El Niño, que golpeó a buena parte del país.

Villamil atribuyó ese rezago a dos administraciones anteriores —la de Pablo Malo y la de Guillermo Aldana—, que no habrían adelantado proyectos de alto impacto en el sector. El último gran proyecto fue el embalse Santa Marta.

Hoy existe un paquete de inversiones cercano a los 20.000 millones de pesos en agua potable y saneamiento básico. Dentro de ese paquete están el pozo de Cartagenita, con una inversión de 4.800 millones de pesos, y el pozo Guapucha, con 4.500 millones, ambos financiados con recursos del departamento y actualmente en fase de perforación.

Embalses al mínimo histórico

El municipio cuenta con cinco embalses cuya capacidad conjunta supera el millón de metros cúbicos —cerca de 1.060.000 m³—. Pero el más mencionado de todos, el embalse de Mancilla, está prácticamente seco. “Ese embalse, que ha sido muy mencionado y muy mostrado, está sobre los dos mil metros cúbicos de agua, que es lo que nos queda como reserva de agua de embalses”, reconoció Villamil.

Con todo, hubo una buena noticia reciente: el día anterior a la entrevista llovió, y el embalse de Mancilla empezó a llenarse de nuevo. Pero muy poco.

Pozos son la única esperanza

Actualmente el municipio cuenta con siete pozos en funcionamiento, contando los dos recién reactivados. La meta con estas reactivaciones es incorporar cerca de 150 litros por segundo adicionales, con lo cual se buscaría duplicar la oferta de agua proveniente de pozos frente a la que existe hoy. Solo el pozo San Rafael III, dijo, ya aporta entre 25 y 30 litros por segundo directamente a los embalses.

Villamil también relacionó la crisis con la presión que ejercen otras actividades económicas sobre el mismo acuífero del que se abastece el municipio. Explicó que la EPC (Empresas Públicas de Cundinamarca) ha otorgado concesiones de agua a numerosas empresas floricultoras, agroindustriales e industriales de toda la Sabana de Bogotá, que han perforado múltiples pozos propios. Esto ha hecho que las perforaciones, que antes se hacían entre 300 y 400 metros de profundidad, hoy deban llegar a 500 o 600 metros, porque toda esa zona hace parte de un mismo cuerpo hídrico: el acuífero Guadalupe.

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Mientras tanto, el racionamiento por sectores continúa vigente. Según el concejal, la sectorización busca “potenciar” el agua disponible para que llegue también a los sectores más altos del municipio, ante una producción de agua potable más baja de lo normal. Sin embargo, admitió que, pese a las campañas, el consumo de la población sigue siendo alto: “El consumo sigue siendo alto. Entonces, por más crisis que haya, la gente no entiende esa medida”, lamentó Villamil.

Entre las acciones adicionales está el monitoreo diario de los niveles de los embalses y el uso de carrotanques para abastecer los puntos donde la red no llega o presenta baja presión. Esa agua se lleva hasta la planta de potabilización de Guapucha, desde donde se llenan tanques grandes ubicados en la parte alta del municipio.

El concejal explicó que no es posible surtirse de municipios vecinos como Madrid, Funza o Mosquera, porque ellos mismos reciben su agua de Bogotá. Según dijo, la capital ya adelanta un convenio para, en caso de emergencia, garantizar el suministro, pues ha señalado que cuenta con agua suficiente para apoyar a Facatativá.

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De cara al futuro, Villamil planteó la necesidad de estudiar un proyecto de alcance nacional para construir un gran embalse en Facatativá. Su argumento es geográfico: en las partes altas del municipio llueve con frecuencia, pero al no existir dónde almacenar esa agua, se pierde. Sin embargo, aclaró que se trata de una obra que, por su costo, no podría financiarse solo con recursos municipales o departamentales.

Mientras eso se gestiona, la gente tiene sed y necesita agua.

Bloque de preguntas y respuestas

¿Por qué Facatativá está al borde de un desabastecimiento total de agua y cuáles son las causas de la crisis?
La comitiva del gobernador del Huila no fue el objetivo del ataque, según aclaró oficialmente el Ejército Nacional. Aunque surgieron versiones que relacionaban el hecho con el desplazamiento del mandatario, la institución confirmó que su esquema de seguridad había transitado por la zona aproximadamente 15 minutos antes de que se registrara la ofensiva con las granadas lanzadas desde las aeronaves no tripuladas.
¿Cómo detectaron las tropas del Ejército el ataque con drones en la vereda Gallego y qué tecnología se utilizó?
Los soldados detectaron la amenaza de forma anticipada gracias al uso de equipos especializados de tecnología antidron denominados UAS Detector. Este sistema permitió que los uniformados identificaran las aeronaves no tripuladas a tiempo, activaran sus protocolos de protección y respondieran de manera oportuna sin que se reportaran personas heridas.
¿Qué medidas de seguridad y operaciones militares se implementaron en el departamento del Huila tras la ofensiva?
La Novena Brigada mantuvo y reforzó las operaciones de control territorial en el sector de La Plata y anunció la continuidad de sus acciones militares en los 37 municipios del departamento. El objetivo institucional de estas medidas es enfrentar las amenazas persistentes en la región y salvaguardar la integridad de la población civil y de la Fuerza Pública.

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