Fueron los italianos de Génova los dueños de la idea y el estadounidense Levi Strauss el encargado de refinarla. Era el año de 1870 y Strauss se inventó, en San Francisco, el denim como material para prendas de trabajo, resistentes a la suciedad, a las tareas pesadas y que no hacía falta lavarlas con frecuencia. Fue patentado en 1873.
Desde entonces el denim y los pantalones elaborados en este material, están cosidos a las palabras básico e indispensable.
Lo que más me gusta de esta pieza, de la que debemos tener varios ejemplares en el clóset, es su versatilidad, esa que hace que se vean bien con tenis y camisetas o con camisas de seda y tacones.
Y nada mejor cuando encontramos la silueta o marca que se ajusta a nuestra figura: ¡nunca la abandonamos! Bueno, solo para renovarla: no está de más comprar uno al año.
Revisa hoy tu ropero y mezcla los yines con nuevas piezas. Será como volver a estrenar.
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