Esta semana participé en el foro "La literatura del secuestro en Colombia", organizado por la Universidad de la Sabana. Allí pude narrar, ante estudiantes y profesores de la Facultad de Comunicación Social, una de las historias que encontré en los testimonios de quienes fueron mis carceleros y posteriormente se desmovilizaron.
Siempre pensé que los combatientes estaban tan acostumbrados al paso acechante de la muerte, que las pérdidas humanas, aunque dolorosas, nunca podían afectarlos hasta dejarlos fuera de combate.
La toma guerrillera a la población risaraldense de San Antonio de Chamí -ejecutada por el Frente Aurelio Rodríguez, brazo de las Farc encargado de mi secuestro-, fue comandada por Anderson, un combatiente destacado por su valentía. Hoy es conocido como Carranza y, por orden del Secretariado, está al mando del Frente 36, que opera en Antioquia.
Días antes de la toma, mientras Anderson les explicaba a los guerrilleros la forma en la que se tomarían el pueblo, sonó en el campamento una canción de Luis Alberto Posada, reconocido cantante de música popular colombiana. La voz de Posada repitió una y otra vez "ahora mi suerte es llorar". Anderson no prestó atención a la profecía y continuó con sus explicaciones. A su lado estaba Rubiela, una esbelta guerrillera, quien desde hacía nueve años era su compañera sentimental.
A una hora de haberse iniciado el combate, la policía tomó el control de la situación. Uno de éstos, atrincherado en la torre de la iglesia, mató a cuatro guerrilleros e hirió gravemente a Rubiela. En medio de las ráfagas, Anderson la consoló y le limpió la sangre. Luego del estertor final, dio la orden de recoger los cadáveres de 18 guerrilleros y evacuar a 7 heridos. A los difuntos los velaron con guardia de honor, los envolvieron con sus cobijas y los enterraron. Les hicieron una cruz de palo y les cantaron el himno de las Farc. A ese lugar lo llamaron Los Mártires.
Anderson prometió no dejar a Rubiela en la soledad de la selva y cuando el Ejército ocupó la zona, el guerrillero ordenó desenterrarla para llevarla consigo. El cuerpo se encontraba intacto, para sorpresa de muchos gritó y lloró de nuevo, llamó a honores militares y, tras el segundo entierro, acompañó su dolor con brandy y música de Luis Alberto Posada. El desentierro se repitió por espacio de 8 meses cada que el Ejército llegaba a la zona, lo burlaban sigilosamente, dos años después contrató a dos sicarios para que asesinaran al policía James Arenas, quien disparó contra Rubiela.
En medio de su dolor, escribió una canción en honor a ella y se la hizo llegar a Posada. La tituló Rubiela, así aparece en el álbum Ayer, hoy y siempre, donde dice que el autor es "Anderson". Después de mi liberación traté de contactar al cantante, pero nunca fue posible.
Durante mi cautiverio, cuando en la radio sonaba la canción, los guerrilleros gritaban "¡oigan la canción de Anderson y Rubiela! Y en medio de las tardes monótonas de la selva se escuchaba la trágica melodía:
"Solo el recuerdo de este amor quedó / ¿Qué va a ser de mí si ya no volverás? / Qué destino tan cruel me ha tocado a mí, / fueron nueve años de felicidad. / No olvidaré, Rubiela, la dicha junto a ti".
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