Por más de 50 años permaneció olvidada en el baúl de los recuerdos una pequeña libreta propiedad de don Alfredo Estrada Uribe, quien fuera guarda de Tránsito en la Medellín de mediados del siglo pasado.
En esta reliquia, cuyas hojas amarillentas y polvorientas que dan cuenta del paso de las décadas, quedó registrada una pequeña parte de la infinita historia de la ciudad, aquella que vio nacer, crecer y morir a este hombre.
El Resbalón, La Amargura, El Camino del Monte y La Consolación son algunos de los particulares nombres con las que, como lo escribió don Alfredo, eran reconocidas varias de las principales calles y carreras de la urbe durante la centuria anterior.
Pocos medellinenses creerían por ejemplo, que al hablar de La Amargura se hace referencia a la que luego fuera conocida como la calle de Ayacucho, que a principios del siglo pasado iba sólo de Carabobo al Palo y que tenía este nombre porque por ella se hacía la procesión del Viernes Santo.
Muchos tampoco se imaginarían que, en aquella época, cuando alguien decía que se dirigía a El Resbalón iba para Junín o cuando deambulaba por El Camino del Monte lo hacía por Bolívar.
Estas originales denominaciones eran otorgadas por el pueblo o por fuentes oficiales con el objetivo de honrar a alguien importante o recordar hechos significativos como las batallas lideradas por el libertador Simón Bolívar o incluso los nombres de las ciudades y naciones de las llamadas repúblicas bolivarianas.
Fue en 1934, como se describe en algunos archivos históricos del Instituto Faes, que se asignaron nomenclaturas a las vías. Sin embargo, los medellinenses no han perdido la costumbre de seguir llamando a las calles de su hermosa ciudad por sus antiguos nombres.
Calles muy diferentes
Como lo describió Francisco de Paula Muñoz, pionero del reportaje en Antioquia, la calles de la Medellín de finales del Siglo XIX y principios del XX "eran de mediana anchura, empedradas, torcidas en la parte más antigua y rectas en la reciente; de aceras estrechas e interrumpidas y, al estilo español, desaguadas por el medio".
Vías despejadas en las que fácilmente se veían "parqueadas" las mulas de los arrieros y muy diferentes a las actuales estructuras pavimentadas en las que abunda el tráfico vehicular.
Lo cierto es que las calzadas de la antigua urbe se fueron creando inicialmente en forma de retícula integrada por cuadrados y rectángulos cuyos lados se cortaban a 90 grados y fue a medida que pasaba el tiempo, cuando la gente empezó a construir frente a los distintos caminos que conducían a fincas y veredas, que comenzaron a observarse las primeras calles retorcidas.
Como parte del recuerdo de una historia que ya ha sido olvidada por muchos a causa del indiscutible paso del tiempo, continúa guardada la pequeña libreta de don Alfredo, una reliquia que hoy, medio siglo después, se convierte en un excelente regalo para la Medellín moderna que este martes celebra su cumpleaños número 335.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8