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UNA PATRASEADA SIN PUNTO FINAL

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29 de abril de 2013
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Como para el arranque a una reforma del Estado, y punto final a la extemporánea discusión que planteó el presidente Juan Manuel Santos sobre la ampliación de dos años a su actual mandato sería bueno aprovechar para comenzar a debatir una reforma general que evite tanta discusión y desgaste innecesario.

Santos, en un inconcebible fallo de cálculo en una persona conocida por sus "habilidades de componedor" planteó la ampliación de su período por dos años, al igual que el de los mandatarios locales. Pero el tiro le salió mal, por el momento y el lugar.

En un año preelectoral, casi nada se mueve en el Congreso y menos una reforma constitucional. Pero ese fragor del debate político nos hace pensar que quizás se pueda comenzar un debate sesudo sobre ampliación del período y cómo unificar los tiempos de los funcionarios del Estado. Y de paso erradicar algunas fallas que dejó la Constituyente en la Carta de 1991.

El Presidente sabrá cuánto tiempo estará en el mando y, que debe utilizarlo muy bien para que no pida más, como si fuera un partido de fútbol que cuando faltan goles se extiende el reloj hasta que alguien gane. Ahora se trata de Colombia y su estabilidad institucional, nada de goles.

Una propuesta que hemos venido defendiendo en cuanto a estas reformas es estudiar para futuras elecciones sobre la efectividad de la Vicepresidencia. Un debate que se olvidó por gallardía ante la grave enfermedad que padeció el actual coequipero de Santos, Angelino Garzón. Insistimos no es personal.

Pero ahora, en tiempo frío, podría ser buen momento para echar un globo, parecido al del Presidente y proponer que empecemos un debate de verdad, serio, sin intereses personales para que los funcionarios de alto rango del Estado tengan claro cómo actuar.

La idea es que se unifiquen períodos de cargos clave para el buen desarrollo del país como la Presidencia, las Alcaldías, las Gobernaciones, la Registraduría, la Procuraduría, las Contralorías, el Congreso y por supuesto la Fiscalía General de la Nación.

Especialmente el cargo del fiscal acaba de ser definido por la Corte, pero se evitaría que las cortes se ocupen de estos temas y pueda utilizarlo en descongestionar la rama que también necesita una reingeniería de verdad.

En esencia es estudiar, cuánto tiempo es prudente que un mandatario esté al frente del poder. A la luz de lo que ya se ha vivido, si es o no conveniente que haya reelección para cargos públicos en el ejecutivo, cuál ha sido el papel de la Fiscalía en la administración de justicia y si ha servido para reducir los dramáticos índices de impunidad y castigar a los corruptos.

Y entre el tintero también estaría la bondad de figuras como la Vicepresidencia, que la verdad, tenemos dudas de que haya sido una buena decisión de los constituyentes. O, mejor, decir que ya no es una figura que le sirva al país.

Una reforma a los períodos de los cargos de elección popular para que el Presidente trabaje por seis años, en períodos paralelos con los alcaldes y gobernadores no está mal, pero la propuesta nació muerta porque el Presidente disparó al aire sin propósito y ahora el tema no le suena a casi nadie.

La reelección puede ser un camino empedrado, porque el elegido tendría la tentación de pasarse cuatro años en campaña y trabajar como candidato para conquistar votos, pero si desde que arranca sabe que no tiene más de seis años para desarrollar el plan de gobierno, pues a trabajar se dijo.

La reelección que fue prohibida en 1991 fue revivida por reforma constitucional de 2004, pero ahora a Santos no le alcanza el tiempo para promover una reforma de tal envergadura en un Congreso ocupado en el debate de su propia reelección en 2014.

Y menos mal que la propuesta no pelechó porque podría ocurrir que el Gobierno quede a merced de los diálogos en La Habana y en un movimiento desesperado haga concesiones a los guerrilleros, sólo para garantizar una buena foto que le sierva de eslogan de campaña en la reelección. Es tiempo de pensar en todo esto.

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