Doña María prefiere poner las gafas a un lado y sin ellas, mirar para la foto. El 15 de noviembre cumplió cien años, pero tiene todos los recuerdos, como si apenas hubiesen sido ayer.
No narra como conoció a su esposo, porque "a ella que le va a interesar eso" y saca una sonrisa pícara. De eso también se acuerda, por supuesto, pero tiene otras historias, que le parecen más interesantes, como lo que hizo por la ciudad.
"La Sociedad era un grupo de amigos que ayudábamos cuando sabíamos que había una necesidad", cuenta con su voz suavecita. Se trata de la Sociedad Benéfica Santa Ana, que estaba orientada a apoyar a familias que han sufrido problemas económicos.
La fundó en el año 1961 con Sofía Ospina de Navarro, de quien era amiga, a pesar de la diferencia de edad. "Ayudar es una cosa natural que tiene todo el mundo", añade ella, que lo tuvo como una máxima de vida.
Doña María Eugenia Botero Ospina nació en 1911. Fue de las primeras mujeres que se le midió al Concejo de la ciudad. "En ese momento casi que ninguna mujer era concejal". Doña María confiesa que quería hacer "algo" por Medellín y se le midió a la tarea.
"A mí me gustó mucho ayudar a la gente y sobre todo para que pudiera estudiar. Me acuerdo que presenté varios proyectos. Uno de ellos fue la fundación del almacén escolar".
Dos veces repitió el cargo, aunque ya no está tan segura si fueron tres. También fue diputada de la Asamblea, donde siguió preocupada por el bienestar de los estudiantes de bajos recursos. Es que ella está segura que "sería una ciudad de analfabetas si nadie estudiara. Escasamente se sabría leer y escribir. Afortunadamente ya se les abrió las puertas de la universidad a las mujeres".
En la época de doña María, sólo le tocó el bachillerato, pero si hubiese sido por ella, "tendría que pensarlo, de pronto abogacía". Su padre, Julio E. Botero, quien fue senador y gobernador de Antioquia, era abogado. Tal vez le hubiera gustado seguir sus pasos.
Y eso que la vida política de esta mujer, a quien le dicen por cariño Mamami, no iba a terminar allí. Ya estaba candidatizada para la Cámara de Representantes, pero dijo que no, porque había que viajar a Bogotá y primero estaba su familia. Doña María se casó con Peter Santa María, con quien tuvo cuatro hijos, que ya va en 14 nietos y 30 bisnietos.
El cumpleaños
Con los cien años, su familia quiso hacerle un homenaje, con una revista, El Centenario, en la que a través de entrevistas y anécdotas familiares van estructurando la historia de esta mujer, que se dedicó a su familia y a su ciudad.
"La pusieron a contar y a recordar", comenta su hija Silvia. "Es que a ella le ha tocado un cambio total de Medellín", añade su hijo Carlos. "Lo veo increíble", contesta doña María. Pasó de iluminar con vela a tener energía eléctrica. Y le tocaron los primeros carros, recuerda también.
Entre sus nietos y sus hijos, en un trabajo de colaboración y de escritura colectiva, le dieron forma a ese libro familiar, que tuvieron listo para la celebración del cumpleaños.
Y aunque doña María lo ha leído por partes, relata: "esto lo escribía un nieto, de cosas que habíamos conversado. Yo no sabía, para mí fue una sorpresa".
Doña María tiene cien años y los recuerdos exactos. Una mujer que quiso dedicarle un pedacito de corazón a Medellín. Todavía camina sus calles. "A mí no me gusta estar encerrada".
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