A principios de la década de los 80, cuando se inició la construcción del aeropuerto de Rionegro, a alguien se le ocurrió que la mejor manera de conectar el valle de San Nicolás con Medellín era construyendo un túnel que acortara distancias y que, además, remplazara las carreteras existentes de malas especificaciones.
Escribí por esos días un artículo en EL COLOMBIANO sugiriendo como alternativa una vía por el alto de Las Palmas a Sajonia, terrenos que conocía de mis andanzas de caballista de fin de semana. En círculos profesionales se discutió la idea y un par de años después se inició la construcción de la misma, la que hoy en día es vía obligada para llegar al aeropuerto José María Córdova.
Sin embargo, la idea del túnel no se descartó. Entre otras razones se argumentaba que las malas condiciones geológicas de la vía de Las Palmas impedían la ampliación de la misma, lo cual hacía un imperativo la construcción del túnel.
Pero si bien estos problemas son una realidad, no son insuperables y su costo, llámese protección de taludes, viaductos, cambios de alineamiento, seguramente son mucho menores que nuestro famoso túnel de Oriente.
¿Cuáles son, entonces, las ventajas de esta magna obra?
Permítanme hacer algunas consideraciones con base en la información disponible para un lector desprevenido.
Vivo en el sector de El Poblado, cerca del Club Campestre, y en razón de mi oficio viajo todos los días a Rionegro. Utilizando la vía Los Balsos, la doble calzada y la variante Sancho Paisa - Aeropuerto, tardo exactamente 30 minutos para llegar a la glorieta.
Según reciente artículo de EL COLOMBIANO, la nueva vía arrancaría en las cercanías del estadero Baltimore, con un primer túnel pequeño, luego se ascendería hasta Media Luna y allí se tomaría el gran túnel de 8 km, con un tiempo estimado de viaje de 14.8 minutos. Pero resulta que para los que vivimos en el sur de la ciudad llegar al estadero Baltimore nos tarda como mínimo 15 minutos.
Es decir, que el futuro túnel en nada me acortaría el tiempo de viaje y en cambio me obligaría a cambiar una vía agradable, con bello paisaje, por un hueco donde manejar es poco entretenido. Para muchos viajeros, definitivamente, el túnel no es la solución.
Pero hay más argumentos en contra. ¿Han pensado los promotores del túnel que el acceso a éste desde Medellín está condicionado a la distancia o facilidad que se tenga para llegar al mismo? ¿Se ha tenido en cuenta que el tráfico al Oriente no sólo va dirigido al aeropuerto sino que su destino son los diferentes municipios del área para los cuales el túnel no sólo no ahorraría tiempo sino que lo alargaría? ¿Cuál sería el valor del peaje para amortizar una inversión de la cuantía de la propuesta? ¿Se justificará una inversión de 630.000 millones de pesos para que unos pocos usuarios del centro o el oriente de la ciudad se economicen 5 o 10 minutos de viaje? ¿Sí será pensar en grande, como creen algunos, cuando el departamento carece de un sistema vial adecuado y a muchos de nuestros municipios debemos viajar por las trochas actuales, construir el túnel?
Estos y muchos más interrogantes pueden plantearse sobre esta obra, que al menos para el suscrito, no tienen una respuesta adecuada.
Señores y señoras, cuando la plata es escasa hay que invertirla con fundamento. Esta máxima sabia de los abuelos hay que seguirla teniendo en cuenta si queremos un mejor futuro para nuestros hijos y no por delirios de grandeza pensar que este costoso embeleco del túnel será la gran obra redentora del Oriente antioqueño.
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