En una sociedad globalizada, en la que basta un clic para saber lo que ocurre en cualquier lugar del planeta, ninguna tragedia o gloria resultan ajenas. En las playas de Indonesia la furia de la naturaleza arrasó vidas y multiplicó sufrimientos.
Lloran por miles los que perdieron a sus seres queridos y bienes, los bebés que sufren en la soledad y los turistas que gozaban de aquellos paraísos sacudidos por un terremoto de 7,8 grados y un demoledor tsunami.
Sobre el número de muertos se habla de más de cien y cientos los desaparecidos.
Sumatra y Jaba son ruina. A veces, el hombre transforma el mundo para su goce sin tener en cuenta los daños ambientales. La naturaleza reacciona y regresa por lo suyo.
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