x

Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Sudar la camiseta

  • Ana Cristina Restrepo Jiménez | Ana Cristina Restrepo Jiménez
    Ana Cristina Restrepo Jiménez | Ana Cristina Restrepo Jiménez
15 de junio de 2010
bookmark

Mi protector de pantalla es la foto de un futbolista de 32 años. La imagen, tomada en 1977, muestra un defensa del New York Cosmos. Su piel brilla de sudor. Camiseta blanca, con ribete bicolor en el cuello; el número 6 y un escudo, en el pecho. Con la pierna derecha adelantada, la parte interna del guayo frena la pelota; mientras, el índice de su mano enfatiza la orden: "¡quieta ahí!"

Sólo una Guerra Mundial ha evitado que, desde 1930, cada cuatro años, muchos nos dejemos arrastrar por la inmensa mayoría.

Durante treinta días somos presas de una neurosis colectiva, que induce a evadir la restricción de la norma, caer en lagunas cotidianas y excesos que nos hacen, simplemente, vibrar: "? Yo casi tuve un infarto, casi tuve una embolia, tenía una cosa que bullía adentro de mi cerebro, pienso que era Puskas pateando mi materia gris de tanta rabia, hijo de una buena señora; ustedes debían haberle dado un puntapié en el coxis mandándolo a donde ya saben, pero vos Amarildo, muchacho lindo de mi Botafogo, vos suplantaste al Rey con altura, pobrecito mi Pelé?", suspiraba el poeta Vinicius de Moraes (1962).

Sacudimos la capa incómoda de la cultura, retornamos al Homo ludens, y permitimos que rija lo políticamente incorrecto: pegarse del televisor, brincar en los muebles, maldecir (¿quién se traga el madrazo ante una falta mal pitada?), apostar (el corazón de madre me amarra a Inglaterra; el de fanática, a España y Holanda), odiar el fracaso (¡perder es perder!), y retar al de arriba: "Dios existe, pero no es de Boca o no sabe chutear penales" (Titular de Página 12, Copa Libertadores, Olimpia vs. Boca Juniors).

El jugador de mi pantalla sudó la camiseta alemana en tres mundiales: Subcampeón, en 1966; tercero, en 1970 (jugó la semifinal con fractura de clavícula); y Campeón, en 1974. Como entrenador, ganó en 1990.

En la foto, Franz Beckenbauer se aprecia perfectamente. Detrás de él, una mancha indefinida de colores: la masa.

¿Simples espectadores?, ¿amalgama amorfa? El fútbol, como la política, nos desdibuja.

Sin esa mancha, seguro existiría Beckenbauer, el jugador; pero desaparecería El Káiser, la figura.

"No somos reyes. Somos jugadores de fútbol. Somos payasos. Todos somos iguales. Yo soy igual a Pelé", afirmó Garrincha, en el Diario del Caribe (1968). Reyes o payasos, para reinar o divertir, tienen que meter goles: el resultado es el opio de la masa. Jugar bonito es fascinante, pero no suficiente.

Fútbol y política son juegos de poder, estrategia y habilidad, con un factor determinante: la historia, que no es más que el aprendizaje por vía de la experiencia. Literalmente: coger cancha, con las temibles implicaciones que la expresión pueda tener.

Los triunfos, limpios, sobre la fuerza aplastante de la historia son tan escasos como los goles olímpicos. La hazaña de un barranquillero, Marcos Coll, único gol olímpico en un Mundial, nos obliga a seguir en pie...

También en las urnas, la camiseta se suda hasta el último segundo.

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD