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26 de octubre de 2012
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Los canales de televisión privada tienen ánimo de lucro. Este es un interés legítimo. Mas el objetivo de obtener utilidades no puede conseguirse a cualquier costo y a costa del bien de la sociedad.

La responsabilidad social empresarial va más allá del mero cumplimiento de las normas laborales.

Es que las acciones y decisiones, tanto personales como empresariales, impactan a la comunidad y pueden ser la causa remota de muchos delitos y desgracias.

Y no se trata de falsos moralismos y mojigatería. La ética no se negocia ni puede estar supeditada al fin del lucro.

Todos los temas se pueden tratar en televisión. No es tanto el qué, sino el cómo.

La procacidad, la ramplonería, las grotescas imágenes de algunos de "los realitis" que estamos importando con toda su pornomiseria, con hombres todo el día en calzoncillos y mujeres de tetas afuera, con escenas morbosas y de mal gusto en la cama, con confesiones en cámara de los más bajos instintos y atentatorios del derecho a la intimidad, y con unos libretos insulsos, desdicen de la calidad y la ética de dichos canales.

Estamos mamados de la mafia, de los Pablos, de Los Pedro Pablos, de los sapos y de las muñecas, y de este reciclaje de delitos y delincuentes.

No más argucias melodramáticas ni falsos argumentos. Eso de que hay que conocer la historia para no repetirla hace parte del libreto del engaño.

En contraste, como el día y la noche, por fortuna, estamos viendo "La Voz Colombia".

El comportamiento de Vives, de Cepeda, de Montaner, de Fanny Lu, y de sus asesores, da gusto por su conocimiento, por su respeto a los concursantes, por su fino sentido del humor y por su compostura.

Nada negativo para el que pierde. Ninguna expresión que disminuya o humille. ¿Y qué decir de la calidad de los concursantes? ¿Qué de su actitud cuando no son escogidos?

A todo esto se le llama altura y señorío.

El pueblo colombiano ha premiado este programa con una multitudinaria audiencia y un reconocimiento general.

Es claro que "el dios rating" no obedece a pararse sobre la dignidad humana, sino en la capacidad de capturar la atención para sublimar esa misma dignidad. Entonces, hacer buena televisión sin acudir ni explotar la miseria humana... sí se puede.

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