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SÍ, ANA MERCEDES... MUCHAS GRACIAS

  • RAMIRO VALENCIA COSSIO | RAMIRO VALENCIA COSSIO
    RAMIRO VALENCIA COSSIO | RAMIRO VALENCIA COSSIO
13 de julio de 2012
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Colombia ha vivido casi siempre una historia convulsionada. Ni la Conquista, ni la Colonia, ni la época republicana, ni mucho menos nuestra historia reciente han sido pacíficas.

Pero sin duda las tres últimas décadas se han caracterizado por un cruce de violencias inimaginables.

Las guerrillas liberales y conservadoras con el bandolerismo, "los pájaros", "los chulavitas" y demás motes, nos dejaron una secuela de violencia y heridas que aún duelen.

Pero la conjunción de guerrillas, narcotráfico, paramilitares, bandas criminales, con una presencia multiforme y copando casi todos los espacios de la vida pública y privada, nos colocaron ante el mundo como un país inviable.

Época de la toma del Palacio de Justicia, del auge de las Farc, ELN, EPL, M19, con su terrorismo de muerte. Época de los carteles de Medellín y Cali con su poder de extorsión, sangre y corrupción.

Época de un paramilitarismo tan demente y cruel como el de las guerrillas que decían combatir y con su poder también corruptor que tiene encarcelada a buena parte de nuestra dirigencia política.

Y sin duda, Medellín martirizada por el terrorismo de Pablo y sus secuaces, por la guerra entre carteles, por la herencia criminal convertida en bacrim y por la presencia permanente de comandos guerrilleros sembrando terror.

Toda esa época fue en la cual le correspondió a Ana Mercedes Gómez dirigir el periódico EL COLOMBIANO.

Sólo con la sabiduría y el temple bebidos en su propio hogar con el ejemplo de Fernando Gómez Martínez y doña Bertha.

Sólo manteniendo el legado de pulcritud, independencia, humanismo y sed de justicia y paz que su padre y don Julio C. Hernández trazaron.

Sólo manteniendo, en compañía de Luis Miguel de Bedout , el pulso y la orientación de sus antecesores Juan Gómezy Jorge Hernández y, por supuesto, con el acompañamiento de tantos colaboradores durante más de veinte, fue posible mantener una casa periodística íntegra, limpia, incontaminada y buscando sólo el bien común.

Ana Mercedes por herencia, por convicción propia, por formación, es un ser de esos que ya poco existen, que son capaces de morir al pie de su palabra y de sus convicciones.

Con profundo respeto por el otro y con un inconmensurable amor por la paz y la justicia social, pudo sortear, respondiendo por la orientación editorial y de opinión y contenidos de EL COLOMBIANO, a esa época azarosa que describo.

No hay que hablar de ella. Es un ser humano con todo lo que ello conlleva. Basta repasar sus actuaciones y su pensamiento para admirarla y agradecerle.

Ya la familia de EL COLOMBIANO tiene una estrella más que, sumada a las de sus antecesores, brillará señalando siempre la meta del servicio a la verdad, a la justicia y a la equidad.

Sí, Ana Mercedes? muchas gracias.

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